Punto de Encuentro

Delincuencia: “El reto de vencerla”

Dueños de la sorpresa y dominado el terreno, la delincuencia golpea a diestra y siniestra.  Para rubor de la PNP y los servicios de inteligencia, saben aprovechar mejor las oportunidades. Es más su lógica, se caracteriza por ser más versátil y recursiva.

Es sintomático, y obvio, que cuando se baja la guardia, ahí están (hay establecimientos que han sido golpeados varias veces).

Los vigilantes privados,  de capacidad limitada, en realidad, ayudan poco.  Más bien son muy vulnerables y están sobreexpuestos (el paradigma debe variar a  otro más empoderado e irreductible).

La “legalidad” (obtusa), les asegura mercados boyantes, con receptadores y compradores cautivos (cachinas, tacoras, etc.). ¡Ahí sí que opera la oferta y demanda!

 Los megaoperativos que hace la policía hay que verlos con lupa. Sin inteligencia y debido plan,  es más seguro encuentren prevenidos a los delincuentes.  No de otra forma se explica que decomisan ripio. Lo grueso ya ha sido encaletado.

 Los bujieros, tienen cancha libre en las calles.  Lo mismo que los raqueteros.  Tienen harto “laburu”. “Camuflados” entre la gente, atracan.  Adicionalmente, voluntaria, resignada o inescrupulosamente cuentan con la “aquiescencia” de la gente y vecinos.

Reitero, digno de estudio de diván, es la  pasividad e indiferencia de la gente.  Conocen a los rapazuelos y marginales de la zona y los protegen con un silencio y especie de “complicidad” mediática. Es decir fungen de abogados del diablo.

 Los “marcas” se pasean por calles y plazas a la vista y  paciencia de todos. La dicotómica civil-policial y la débil legislación los favorecen.  Saben usar la “flagrancia” a su favor. Consecuentemente van y vienen  a su regalado gusto.  A la  PNP y serenos, les importa bien poco el tema. Para matar el tiempo y cubrir las apariencias, no pasan de pedirles DNI y punto. Acá falta una figura legal de “flagrancia  por recurrencia” y actuar  preventivamente.

 En conclusión,  por lo exponencial de la casuística, la delincuencia se ha convertido en un negocio redondo, casi un oficio, sin otro pergamino que la desfachatez y el indecoro ante el bien general.

 ¿Por qué dejarían, tan rentable negocio, si incluso una especie de legalismo los cobija?

 ¿Acaso la delincuencia en el terminal marítimo (tráfico de drogas y contrabando) o la construcción civil (cupos) no van viento en popa?

 ¿Acaso, la niñez y adolescentes (ninis), no paran expuestos al hampa (sicarios, extorsionadores o eventuales subcontratados por la mafia)?

 ¿Acaso no  hay un Azángaro como  staff de respaldo chicha para toda gestión bamba, funcionando, cerquita nomás del Palacio de Justicia?

Pues, estimados lectores, ¡ESTA ES LA DELINCUENCIA QUE TENEMOS!, de lado de una débil legalidad y tolerancia ciudadana, que les das hilo para hilvanar.

Mientras la delincuencia siga dominando territorios, haya una legislación laxa, cuenten con mercados negros, tengan servicios técnicos o profesionales de respaldo, el problema seguirá en curso.  Es como un huayco incontinente, con  efectos colaterales.

La delincuencia muta, se adapta, es elástica, es ubicua y recursiva, entre otras características.  Nadie se libra. Sólo es cuestión de oportunidad y de tiempo para ellos.

Todo un reto vencerla. Pero que se puede, claro que sí. Con  una política de CERO TOLERANCIA, con estrategia e inteligencia,  fuertes medidas legales, trabajo en conjunto y la decisión de todos para hacerles frente.  Una corriente, como la que alienta a la selección nacional, sería lo ideal.

 

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