Punto de Encuentro

Retos de la diplomacia peruana para el 2018.

A partir del 1 de enero de 2018 el Perú será miembro no permanente, hasta el 31 de diciembre de 2019, del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, órgano de la ONU encargado de mantener la paz y seguridad en el mundo.

De acuerdo a lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas, firmada el 26 de junio de 1945 en San Francisco, uno de los seis órganos principales de la ONU es el Consejo de Seguridad. Mientras que otros órganos hacen recomendaciones a los Estados miembros, sólo el Consejo de Seguridad tiene el poder de adoptar decisiones que los 193 Estados miembros (actual cantidad de los Estados miembros de la ONU) están obligados a aplicar.

De oficio, las Delegaciones de los Estados miembros del Consejo investigan, debaten y votan el contenido de las resoluciones sobre los temas más sensibles del mundo en cuanto a paz, seguridad, cooperación y defensa de los derechos humanos.

Ante una amenaza internacional a la paz y la seguridad, la primera medida que adopta el Consejo es recomendar que las partes intenten llegar a un acuerdo por medios pacíficos; si la controversia da lugar a hostilidades, el Consejo puede emitir directivas de alto el fuego, con el objetivo de prevenir una escalada del conflicto; y, en el caso que ésta medida no fuera suficiente, el Consejo puede aplicar sanciones coercitivas como las económicas y financieras, embargos de armas, ruptura de relaciones diplomáticas, bloqueo o incluso acciones militares colectivas. 

Nuestro Canciller de la República, el Sr. Ricardo Luna Mendoza, presidió, el mes de junio pasado, la delegación peruana elegida como miembro no permanente del Consejo para los años 2018 – 2019. La candidatura nacional recibió el respaldo de 186 votos a favor, superando con amplitud la valla de los dos tercios de apoyo de los Estados miembros. La contundencia de la victoria nacional no invita a la sorpresa si repasamos las líneas políticas que el Ministerio de Relaciones Exteriores ha adoptado desde que gobierna el presidente Pedro Pablo Kucynzski; por ejemplo, en la crisis social de Venezuela.

Así pues, la decisión política de no reconocer la Asamblea Constituyente de Venezuela, promovida por Nicolás Maduro, en la que se le otorgó facultades plenipotenciarias por encima de los demás poderes públicos del Estado, no fue un acto diplomático aislado sino uno articulado dentro de un esquema que proyecta a nuestro país a liderar la región en materia diplomática. La mayor expresión de este liderazgo regional tuvo lugar en el Palacio de Torre Tagle, sede de la cancillería peruana, el pasado 8 de agosto, fecha en la que 17 cancilleres se reunieron para condenar el rompimiento del sistema democrático en Venezuela. 

Como consecuencia de la mencionada reunión, se gestó la conformación del “Grupo de Lima” en el que 12 cancilleres de países americanos (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú) han acordado solicitar a las Naciones Unidas que atienda la situación de crisis y continua violación de los derechos humanos en Venezuela.

La electa, y futura en ejercicios, Delegación diplomática peruana en el Consejo de Naciones Unidas llevará a investigación y debate el caso venezolano; pero no será la única materia en la que hará falta sentar una consecuente posición política internacional que fortalezca nuestros intereses y negociaciones geopolíticas en la región y en el mundo. Una amplia y compleja agenda se avecina para la diplomacia peruana, temas como 1) la Trata de Personas en los países más vulnerables, 2) la Proliferación Nuclear de Corea del Norte, 3) la Guerra Civil en Yemen que viene provocando una real catástrofe humanitaria entre el fuego cruzado, la hambruna y la pobreza extrema, 4) la crisis de refugiados en Europa o 5) la Guerra Civil de Siria que ha despertado una nueva tensión mundial entre las potencias geopolíticas.

No dudo de la calidad humana de los integrantes de la Delegación peruana en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, al igual que usted se conmoverán al investigar la cantidad de conflictos humanitarios que hay alrededor del planeta; sin embargo, no puedo dejar de reconocer que las decisiones políticas en una instancia tan directa a la ejecución de un poder vienen mediadas por elementos no sólo humanitarios. La estrategia y las alianzas son claves para entender qué posición se adopta al decidir cómo solucionar un conflicto entre partes, aunque dicha decisión beneficie más a unos en detrimento de otros. La geopolítica será el arte a manejar por nuestra Delegación diplomática nacional en el Consejo, sólo el fortalecimiento de nuestro país a nivel regional y mundial nos permitirá mantenernos expectantes a las instituciones decisoras en el mundo.

A título personal, y esperando que la línea editorial de este medio de comunicación me lo permita, dedicaré mis futuras columnas quincenales a desarrollar la mayor cantidad de temas internacionales posibles que la Delegación peruana en el Consejo vaya desarrollando a partir del 1 de enero del 2018, desde un enfoque informativo pero cercano a ciertas teorías geopolíticas que expliquen los enredados contextos en los que se ven amenazados los derechos humanos.

 

José Carlos Urbina Suárez

Politólogo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

 

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