Punto de Encuentro

A MIS 29 AÑOS.

Susana Gutiérrez Rivera.

Dicen que cuando llegas de visita a un país, lo primero que escuchas es de lo que más se enorgullecen, independientemente de la identificación histórica y cultural que es natural. Por ejemplo cuando ibas a la Argentina hace algunos años, hombres y mujeres hablaban del fútbol, el conocimiento técnico y el apasionamiento era hasta los huesos (probablemente sigue siendo así). Los colombianos presumen de su rico e inigualable café, el peruano se jacta de su asombrosa gastronomía, y que hoy en día gracias a uno de los artífices como: Gastón Acurio, nuestra comida ha sido llevada a otro nivel.

No hay peruano en la faz de la tierra que no presuma su comida. Empero esta historia cambió, hoy también nos podemos sentir orgullosos del crecimiento del deporte rey -como muchos lo denominan - el fútbol. Ese que nos hace vibrar, nos hace gritar de tanta emoción, llorar, brincar, hacernos sentir más peruanos que nunca.

Queda en el pasado ese fútbol farandulero que tanto atraso nos trajo, de disolutas fiestas que mezclaban el círculo perfecto de alcohol, drogas y mujeres. Ese fútbol sin disciplina, de técnicos que no les importaba supervisar los entrenamientos, de portadas amarillistas y sueños perdidos. Algunos quedaron para reivindicarse, pero muchos talentos sucumbieron ahí. 

A pesar del desánimo, y a sabiendas que mi blanquiroja no ganaría ni una y que “matemáticamente” estábamos fuera y lejos del triunfo, la alentábamos. Sin embargo, hoy por primera vez en mi vida, y a mis 29 años, me toca vivir esta experiencia increíble. Esta es sin duda, la nota más emocionante que escribo, con mi corazón a mil, con mi autoestima por los cielos, porque creo que todo se puede. Y el creer, lo es todo para mí y para miles de peruanos, que buscamos superarnos todos los días.

La última vez que Perú había podido disputar una copa del mundo había sido en 1982, es decir los de mi generación nunca lo vimos. Son 36 años que han pasado desde entonces. Un punto de quiebre fue el empate de a dos ante Venezuela en Lima. Fue a partir de ahí que se marcó un antes y un después, en la carrera ascendente de nuestro seleccionado. Consecuencia de tres palabras claves en el éxito de cualquier cosa que nos propongamos: esfuerzo, constancia y mucha disciplina.

El primer partido de fútbol, registrado en nuestro país, fue en 1892 en el campo de Santa Sofía, según nos narra el historiador de fútbol Gerardo Álvarez en la entrevista publicada para la sección Posdata en el 2012: Por las referencias, los jugadores eran ingleses y quedó 1 a 1. Era una práctica de extranjeros y los partidos se daban dos o tres veces al año”.

Además nos ilustra que los primeros peruanos en jugar el fútbol fueron jóvenes que habían viajado a Inglaterra a estudiar, como Garland, y luego lo introdujeron en las escuelas. La primera competencia de fútbol en el Perú no fue entre adultos, sino entre niños, y fue el colegio Guadalupe, que ganó ese primer torneo de 1899. La popularización del fútbol la hicieron los niños. Los fundadores de Alianza, del Atlético Chalaco eran niños.

Ya las mamás que acompañaban a los niños a sus entrenamientos, se nutrían del valor del deporte en la formación disciplinaria de sus primogénitos. Es ese valor que debe seguir forjándose en nuestros talentos, de la mano con las políticas públicas de apoyo y fomento al deporte. El cambio es progresivo, cambio del cuál Gareca nos está demostrando, con toda la garra, que si es posible que nuestros talentos se desenvuelvan y den lo mejor de sí.

No hay duda que esto se pone cada vez más bueno y favorable. Apago mi computador por ahora, sé que será un día grandioso, hagamos que nuestros días sean cada vez mejor y pongámonos la camiseta en cada cosa que hagamos, con nuestros hijos, nuestra familia, nuestras labores. Gracias por tanto, ¡Arriba Perú!.

 

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