Punto de Encuentro

Elecciones Chile 2017 (I): la respuesta conservadora a la reforma electoral.

El pasado domingo, 19 de noviembre, se llevaron a cabo unas importantes elecciones parlamentarias y presidenciales en el vecino país del sur. Menos importantes por quienes acceden al ballotage, las dos fuerzas políticas tradicionales chilenas, y mucho más por analizar los efectos de la reforma electoral que la presidenta Michelle Bachelet impulsó, con mayoría en el legislativo, desde principios del 2015.

El antiguo sistema de elección parlamentaria de Chilegeneraba,en los pequeños y nuevos partidos, la necesidadde adherirse a una de las dos fuerzas políticas de mayor tradición, la Concertación (coalición de partidos de izquierda) y la Alianza (coalición de partidos de derecha), para tener posibilidades reales de acceder al poder.Por lo tanto, la reforma al sistema bipartidista fue un viejo anhelo de las facciones más progresistas de la Concertación, las mismas que intentaron, desde el inicio de los 90’s reformar un sistema heredado del régimen militar y, que a su juicio, beneficiaba a la derecha.

Así pues, el 27 de abril de 2015, el Congreso Nacional de Chile promulgó la Ley Nro. 20840, “Ley que sustituye el Sistema Electoral Binominal por uno de carácter Proporcional Inclusivo y fortalece la representatividad del Congreso Nacional”. Éste nuevo marco legal electoral persigueuna mayor participación en la elección de las dos cámaras del parlamento chileno desde la proporcionalidad, estableciendo la primera regulación sobre cuotas de género en las listas de candidatos, aplicando el método D’Hont a la conversión de votos a escaños, redefiniendo las circunscripciones electorales y aumentando la cantidad de senadores y diputados.

Pese a los cambios normativos recogidos en la Ley Nro. 20840, ¿Las recientes elecciones parlamentarias chilenas han dibujado un nuevo mapa de correlación de fuerzas políticas? Previo a responder concretamente, estadística en mano, a la pregunta formulada; me parece indispensable acudir a la teoría electoral, con el objetivo de conseguir definiciones, académicamente aceptadas, que esclarezcan un complejo terreno de fórmulas matemáticas “técnicamente politizadas” por unos u otros intereses.

Empezaré señalando que los sistemas electorales se dividen en tres familias: los sistemas mayoritarios, los proporcionales y los mixtos. Cada una de estas familias poseen elementos diferenciadores, entre los que destacan: distribución de circunscripciones electorales mediante delimitación geográfica; número de escaños a repartir por circunscripción electoral; tipos de listas de candidatos; fórmula electoral; umbral de elección; etc. De manera tal, que el grado de proporcionalidad del sistema de representación vendrá determinado por la combinación de estos elementos; transformando la voluntad del ciudadano, expresado por el voto, en escaños o cargos de autoridad.

Ahora sí, regresando a la pregunta formulada, una de las combinaciones clave de la reforma electoral chilena es la que incluye una nueva distribución de circunscripciones electorales y la ampliación de número de senadores y diputados. En dicha relación escaños – electores, el antiguo sistema bipartidista alcanzaba un promedio de 111 489 electores por escaño para la Cámara de Diputados, mientras que el nuevo sistema disminuyó dicha media en 27%, alcanzando el promedio de 81 850 electores por escaño. Aunque se redujo el número de circunscripciones electorales a 32, se aumentaron la cantidad de autoridades electas. Anticipo el efecto de la combinación de estos indicadores, tras la jornada electoral del pasado domingo, Chile no consigue romper el bipartidismo, pese a conseguir una mayor proporcionalidad en la representación del poder legislativo.

En las elecciones parlamentarias de 2013 se eligieron a 120 diputados, de los cuales 116 (96,6%) pertenecen a uno de los dos partidos tradicionales; con la reforma electoral, recientemente aplicada, la distribución del nuevo Congreso de los Diputados otorga 129 escaños, de 155 posibles, a los dos partidos pertenecientes al binomio tradicional, es decir un 83,22% del total de la cámara. Lo más resaltable, es el 12,90% de la cámara baja obtenida por una nueva fuerza política, el Frente Amplio.

No intento transmitir la idea que el tradicional bipartidismo, alternante en el poder, empieza a jugar los minutos finales en Chile; realmente no lo creo. Es más, considero que el tradicional sistema político chileno ha salido reforzado en las últimas elecciones; no porque me parezca inútil la reforma electoral, partiendo que toda reforma es conservadora per se, sino porque las reformas políticas con altas dosis de tecnicismos (pienso en la reforma electoral) deben responder a una necesidad social para que haya un impacto real de las mismas.

La sociedad chilena, a diferencia de la peruana, es étnica; cultural y de estratos sociales mucho más homogénea que la nuestra. Sin desmerecer el enorme trabajo de muchos colectivos chilenos, como los estudiantiles, que reivindican espacios alternativos en esa suerte de homogeneidad; la gran masa chilena, desde la recuperación de la democracia no ha sufrido una gran crisis económica, política y social por la que demande un cambio radical a la hora de elegir a sus autoridades. En Chile no se viven las elecciones como una oportunidad de gran cambio, porque priorizan el sostén de un sistema que mayoritariamente les beneficia; y, pese a que les sirven (o imponen, según el juicio de cada uno) una reforma electoral que abre la proporcionalidad, votan por la mayoritaria.

Por primera vez, desde el fin de la dictadura de Pinochet, la izquierda se presentó fragmentada a las elecciones presidenciales y parlamentarias; sus principales candidatos fueron el oficialista Alejandro Guillier (Nueva Mayoría), la progresista periodista, más alejada del centro político, Beatriz Sánchez (Frente Amplio) yla senadora Carolina Coig (Democracia Cristiana).

Aun así, la segunda vuelta chilena del próximo 17 de diciembre la disputarán los candidatos Sebastián Piñera (Chile Vamos – tradicional Alianza de partidos de derecha) y Alejandro Guillier (Nueva Mayoría – tradicional Concertación de partidos de izquierda).

Chile, tanto cambio para seguir igual; y creo, que esta vez, muy consciente y racionalmente igual.

 José Carlos Urbina Suárez

Politólogo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)

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