Lo que debería ser una fraterna competencia interna se convierte en una guerra sin cuartel que parece no tener tregua, y que trasciende sin límites al ámbito público; la publicidad y propaganda gana las calles y también las denuncias, insultos y agravios entre los mismos candidatos de un partido, originando de esta forma una negativa impresión en los ciudadanos; pues más allá de consolidar la denominada “democracia interna”, produce profundas heridas en los miembros de una misma Casa partidaria, que serán imposibles de cicatrizar y, algunas veces costándoles la misma candidatura.
Hace unas semanas estuve por el distrito de Jesús María, y pude constatar - como muchos de ustedes - la propaganda de tres candidatos de un mismo Partido. Lo anecdótico y risible de esto, es que cada cartel o gigantografía se encontraba uno más cerca del otro, en las principales avenidas y calles del distrito. Y es que, si para nosotros crea confusión, imagínense lo que provoca en el ciudadano de a pie, población que en su mayoría, se encuentra hastiada de los partidos políticos y los políticos tradicionales.
Y esto no es todo, independientemente del despliegue de material publicitario de estos tres pre-candidatos - que los une nada más que la filiación partidaria - está el agresivo y constante enfrentamiento que no da lugar a debates y posturas constructivas para con su distrito. El agravio, insulto desmedido y la falta de respeto se impone, en lugar de los modales y valores democráticos, debilitando la imagen de cada uno de ellos y deformando de esta manera el concepto de la democracia interna.
Es cierto que el candidato debe ganarse un sitio en el Partido, también es cierto que el candidato debe de convencer a las bases para representarlos, es parte de lo político; pero, mientras esas riñas desmedidas sigan sucediendo, la imagen de quien “gane” finalmente la candidatura en su Partido, ya estará totalmente desgastada gracias a sus mismos colegas, quienes se encargaron de hacerle “la guerra sucia”, antes de siquiera salir a confrontar a sus verdaderos adversarios.
Pero, ¿cómo viabilizar una candidatura con legitimidad o de consensos sin afectar la imagen de quienes postulan al interior de un Partido?, la clave está en las formas, la ley vigente de Partidos Políticos debe de contemplar, en primer lugar, una única fecha para el proceso de elecciones internas de forma simultánea en todos los Partidos; en segundo lugar, las elecciones deberían denominarse “elecciones primarias” (ejemplo: USA), porque trascienden lo interno de los Partidos; en tercer lugar, las elecciones primarias deben realizarse bajo una única modalidad: voto universal de todos los afiliados del Partido; con lo cual conseguiríamos mayor democracia interna en las organizaciones.
Eso demandará también, modificar la ley de Partidos Políticos, ya no habría un espacio tan amplio y discrecional para las elecciones internas, que hasta el momento señala que los partidos y movimientos de alcance regional realizarán sus elecciones entre los 180 días calendarios anteriores a la fecha de elección y 21 días antes del plazo para la inscripción de candidatos.
De esta forma, más allá de ordenar nuestro cronograma electoral, estaremos dando importantes pasos hacia el fortalecimiento de las organizaciones políticas, un aspecto fundamental dentro de la ansiada reforma política integral que debe pasar por considerar también figuras como la eliminación del voto preferencial, la modificación de los distritos electorales, entre otras.
Asimismo, debe establecerse para los que están en pre-candidatura, que sus propagandas externas indiquen expresamente que se encuentra en “Campaña interna”. Corresponde al Parlamento hacer las reformas que planteamos y a la ONPE regular los periodos de campaña en las elecciones primarias, para minimizar la perjudicial y negativa “competencia interna” que se viene generando, y evitar así mayor confusión y distorsión del mensaje que se transmite a los vecinos.