La despedida de la gran periodista Carmen Aristegui de MVS se planeó con mucho tiempo de anticipación. La fueron cercando desde el poder político, especialmente desde el entorno del presidente Enrique Peña Nieto (EPN), y los dueños de un medio de comunicación mexicano que, como siempre, prefieren la libertad de empresa a la libertad de prensa.
De este modo la semana empezó con la lamentable noticia de que Aristegui no iba más en la radio, y que la corrían dejando de lado ?pisoteando diría yo? el derecho de las audiencias a recibir denuncias e información tal como ellas las prefieren, abierta y desembozadamente, porque el verdadero periodismo y la ciudadanía no le temen a la verdad.
Y es lamentable que el susodicho medio de comunicación proceda así, jalando de los cabellos argumentos para oponerse al acuerdo del equipo periodístico de Aristegui suscrito con Mexicoleaks, precisamente para hacer el mejor periodismo de investigación y elevar la audiencia de la radio. Paradojalmente, fue en este momento que le pusieron la puntería a esta destacada periodista.
Así comenzó algo que para los dueños de la radio era peligroso, vincular el periodismo con el nuevo estilo de los leaks, y lo hicieron sin importarles que la libertad de prensa y expresión son derechos fundamentales y que deben ser respetados para garantizar la existencia misma de la democracia.
Pero hay más, pues, como se recuerda en noviembre del año pasado Aristegui reveló la existencia de una millonaria propiedad de la esposa de EPN, la hoy conocida mansión o “Casa Blanca”, que generó tanto escándalo y repudio en la opinión pública mexicana. De hecho que por eso el gobierno mexicano habría articulado para devolverle el golpe por “semejante atrevimiento”.
Ahora, no solo los mexicanos, sino todos los latinoamericanos, debemos alzar nuestra voz de protesta por este tipo de arremetidas contra el periodismo y los periodistas. Tenemos todo el derecho de rechazar los ataques a la libertad de expresión y el derecho al trabajo de los hombres y mujeres que arriesgan hasta la vida por informar y sobre todo por fiscalizar al poder.
Finalmente, apoyemos desde las redes sociales la movilización masiva que se ha convocado para el próximo 26 de marzo, coincidente con los seis meses de la desaparición de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, para brindarle la absoluta solidaridad a Carmen Aristegui.
Sin periodistas honrados y valientes, la sociedad terminará en el fango de la corrupción.