Punto de Encuentro

El valor de la familia

A propósito del Proyecto de Ley de la Unión Civil Homoafectiva, se ha vuelto a traer al debate el reconocimiento de derechos a una población “tolerada”[1], pero relegada al aspecto privado, íntimo, cuasi en aislamiento de cualquier tipo de manifestación pública.

Sin lugar a dudas el tema es no pacifico, puesto que las categorías sociales que entienden al mundo en el binomio hombre-mujer se encuentra enrizada en la población, por una tradición, por una concepción religiosa, por una forma de entender la vida.

En tal sentido, cuando se pregunta a los parlamentarios que rechazaron el Proyecto de Ley, se trae a colación el argumento fuerza: La Defensa de la Familia. Como militante del PPC, me adhiero a la defensa de la Familia, puesto que ¿Quién podría estar en contra de ella? Máxime si la misma es una categoría inherente a la naturaleza del hombre como ser social. Sin embargo, el problema reside en qué entender por familia, y en identificar a sus verdaderos enemigos.

Para quienes defienden el argumento de “defensa de la Familia”, la definen desde visión mono parental, constituida entre hombre-mujer, donde su fin es la procreación, cuidado y formación de futuros ciudadanos. Al respecto, creo que nadie podría negar esta concepción de familia, como una alternativa mayoritaria y respetable. El problema radica, cuando queremos entender que este modelo de familia es único y excluyente, y que todo aquello que no se encuentre comprendido en este supuesto de hecho no puede ser calificado como “Familia”, y peor aún creer que  otro modelo es una amenaza al modelo mono parental de la familia.

Particularmente, me cuesta creer el argumento que las familias con un modelo monoparental puedan sentirse amenazadas con el Proyecto de Unión Civil, inclusive si este fuera considerado como un matrimonio[2]. En efecto, el Proyecto no cambiaría la vida de quien decida auto realizarse a través de una propuesta de vida monoparental, la única diferencia es que visibiliza las relaciones invisibles.

En ese orden de ideas, no basta con opinar y decir “No creo en la Unión Civil, y no soy homofóbico”, sino que en un tema de alta sensibilidad se exige motivaciones que eviten incitar a la descalificación de otras personas, toda vez que de manera subrepticia se califica un modelo de vida como indeseado, no tolerado, y por lo tanto rechazado, lo cual no dista en lo absoluto con la homofobia. Al respecto, respecto el magistrado Sachs de la Curte Constitucional de Sudáfrica señaló lo siguiente:

“ El daño que se produce a las parejas del mismo sexo va más allá de la privación de bienes materiales pues la definición de matrimonio que las excluye sugiere no solo que su compromiso, relación y amor es inferior, sino que estas personas nunca podrán ser parte de la comunidad que la Constitución promete crear con igualdad para todos" [3]

Asimismo, considero que quienes se pregonan los defensores de la familia, deben virar sus esfuerzos hacia los verdaderos enemigos de la familia, estos son: la violencia familiar, la pobreza, la exclusión, el trabajo infantil, las drogas y los padres que niegan el reconocimiento a sus hijos. Estos son algunos ejemplos de los verdaderos enemigos que buscan destruir el valor de la familia.

En ese sentido, la Unión Civil Homoafectiva o un eventual Matrimonio Homosexual no traerá una masiva ola de repentinos cambios en la sexualidad de las personas, tampoco provocará divorcios colectivos para aventurarse en relaciones homoafectivas, por el contrario solo traerá reconocimiento a un grupo de personas que –con ley o sin ley- tienen una forma distinta de ejercer su sexualidad, y  que –al margen de una ley- seguirán ejerciendo su vida sexual, solo que si tuvieran un reconocimiento legal tendrían la oportunidad de instaurar un proyecto de vida común con reconocimiento pleno del Estado.

Finalmente, considero que los verdaderos defensores de la familia, deben encontrar el verdadero valor de la familia, que va más allá del sexo biológico de quienes la integran, sino que reside en la capacidad de poder formar ciudadanos comprometidos, al margen de tener un hogar con niños o sin ellos. Es la oportunidad de ser efectivamente una célula básica de la sociedad. ¿y qué es una célula? Es una unidad funcional, de afecto, de compromiso y formación. El verdadero valor de la familia, es precisamente su capacidad de formación primigenia y natural de ciudadanía, impregnado de valores que nos lleven hacia el Bien de todas y de todos



[1] Casi la totalidad de Congresistas que están a en contra del proyecto se dicen “no homofóbicos”, que respetan las libertades sexuales, pero que están tienen límites.

 

[2] En efecto,  la posibilidad de un matrimonio encubierto es un argumento reiterado, de quienes se oponen al Proyecto de Unión Civil entre personas del mismo sexo.

[3] http://www.law.uchicago.edu/news/albie-sachs-struggle-same-sex-marriage-rights-south-africa

 

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