“Si Keiko no gana, yo postulare el 2021” fueron las palabras de Kenji Fujimori durante el pasado proceso electoral. Palabras que trata de recordarnos, permanentemente, desde el día en que no asistió a votar en la segunda vuelta. Esta, y sus constantes actitudes provocadoras lo siguen posicionando como el mayor opositor de su hermana, Keiko Fujimori.
De este modo, el antifujimorismo, expresado en las manifestaciones y el resultado de las últimas elecciones presidenciales, hoy pareciera personificarse, parcialmente, en Kenji. Esto, demostraría lo flexible que es nuestra ética ciudadana, ya que las diferencias entre ambos líderes políticos no son de carácter ideológico ni práctico, sino, se basan en una infantil disputa de poderes dentro de su agrupación política, donde se atacan, únicamente, por lo que parecen ser instintos vengativos: el mismo nombre del equipo kenjista da mejores luces de esto: Los Avengers o, lo que es lo mismo en castellano, Los Vengadores.
El acalorado intercambio de palabras entre el menor de los Fujimori y varios miembros de la bancada de Fuerza Popular, sumados a las declaraciones que este brindará el lunes 16 ante la fiscalía en contra de su hermana, constituirá posiblemente el mayor jaque a Keiko. La facción de la lideresa trata de deslegitimar a Kenji y sus Avengers llamándolos montesinistas, por las prácticas de soborno a congresistas, para direccionar la votación en contra de la vacancia. Acusaciones que provienen de quienes grabaron los kenjivideos, lo que también constituye una práctica constante del fujimorismo de los 90. Es irónico y hasta absurdo, entonces, observar cómo fujimoristas de un lado u otro, tratan de insultarse y deslegitimarse llamándose montesinistas entre sí, tratando de negar el pasado que inevitablemente comparten.
El nombre Fujimori resuena en la política por más de 20 años y parece querer enquistarse varios años más, al igual que otros líderes políticos. Keiko ha pasado ya en dos ocasiones a la segunda vuelta, y el próximo 2021 es altamente probable que participe en su tercera elección. Sin embargo, a pesar de que nos quejamos de la falta de nuevos cuadros, del estancamiento de nuestro país y de nuestra deplorable calidad de representantes, un gran sector de peruanos siguen votando por ella.
Somos una sociedad cansada de la política pero también floja. Floja de buscar otras opciones y apoyar nuevos cuadros que puedan aportar a nuestro país. Flojos para asumir la responsabilidad de ser nosotros mismos esos cuadros que demanda nuestra sociedad. Cuesta comprender, que nos encontramos en un punto en nuestra historia en el que podemos o promover el status quo por medio de la resignación, o hacernos responsables e iniciar la inflexión que nos devuelva la estabilidad y la confianza en la política. Es hora de decidir en qué lado queremos estar.