En la última semana tanto los colectivos pro-elección como los pro-vida se han puesto las pilas bombardeando con publicidad en las calles, las redes sociales y cuanto medio de comunicación les es posible. Acá no pienso exponer mi postura entre ambos bandos, solo analizar el problema central.
Tenemos una población femenina considerable que se sometió, se ha sometido y se está sometiendo a abortos clandestinos. Es decir, con ley o sin ella las peruanas abortan.
Así los colectivos pro-vida se rasguen las vestiduras en las calles contra el aborto, las peruanas siguen abortando. ¿Qué debería hacer el Estado frente a una realidad que se sitúa entre dos bandos?
Pues al margen de opiniones personales, podemos ver que las cifras del 2009, compartidas por la ONG Manuela Ramos a diferentes medios, nos indican que cada año se practican 371.000 abortos clandestinos, de los cuales 7.000 son realizados por temas de salud.
Para el 2014, la realidad de las cerca de 2.000 mujeres que quedan embarazadas a diario no debe ser muy distinta. Se estima que de este grupo 813 llevan embarazos no deseados, razón por la que son todo un nicho de "desarrollo emprendedor" para clínicas clandestinas y otras personas jurídicas o naturales que se benefician de un problema suelto. Nuevamente, esto pasa y punto.
¿QUÉ SALIDA PODRÍAMOS TOMAR?
El Estado debería regularlo, ponerle un marco de acción. Emitir una ley al respecto, reglamentarla y traducir todo ello en grandes políticas públicas sobre salud sexual y reproductiva--las cuales aún caminan con andador por acá--claro que la solución no queda solo en el plano administrativo.
Evidentemente la sociedad tiene que escucharse. Ambos bandos tienen que llegar a debates (sin quedarse en la anécdota), exponer sus plataformas y con respeto tomar acuerdos. Sí, aunque parezca tirado de los cabellos, ello es necesario, pues esos grupos son actores importantes ante cualquier determinación que el Estado tome.
Recordemos que las políticas públicas no solo se diseñan y se dejan guardadas en papel, sino que tienen una parte aplicativa y esa es la más difícil de llevar a cabo. Pues por lo general, la realidad suele darle un 'contrasuelazo' al papel.
Para ello hay que darse la mano entre las carteras ministeriales de Salud y Educación. Pues la regulación no es el fin de todo, sino educarnos para evitar que nuestras mujeres tomen decisiones tan perjudiciales para sus propios cuerpos. No se trata de sacarse una muela, sino de un proceso doloroso para todos los involucrados.
Además de los ministerios, no hay que dejar de pedirles a nuestros padres de la patria-- especialmente a los integrantes de la Comisión de Mujer y Familia--que debatan el tema sin las mezquindades que un próximo proceso electoral produce. ¿Quién sabe si el patito feo de los debates podría ser la gallina de los huevos de oro para el 2016? Todo depende de "cómo se diga" en el hemiciclo.
Otra opción, es darse media vuelta y dejar las cosas como están. Con carteles pegados en las veredas del Centro de Lima que gritan en mayúsculas: "Atrazo Mestrual"-- revelándonos que su autor descubrió el papel sticker, pero no un diccionario.