El hombre y la mujer somos animales capaces de transformar nuestro ser biológico, lo que pensamos y sentimos tienen la capacidad de intervenir en nuestro sistemas biológicos. Nuestras células están constantemente observando nuestros sentimientos y siendo modificadas por ellos.
Un estrés prolongado, o un ataque de depresión puede arrasar con nuestro sistema inmunológico. Y hacer lo contrario, ósea tranquilizarse, calmarse o serenarse puede fortificarlo de manera extraordinaria.
La risa, la alegría, la tranquilidad nos mantienen saludables y prolongan nuestra vida, nos hacen vivir más y mejor.
El recuerdo de una situación negativa o triste libera las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés.
Nuestras células están constantemente procesando y metabolizándolas todas las experiencias, de acuerdo con nuestros puntos de vista personales.
No se puede simplemente captar datos en forma aislada y confirmarlos o juzgarlos sin consecuencias emocionales.
Nosotros nos transformamos cuando nuestras alegrias o tristezas se internalizan.
Quien está estresado, angustiado y deprimido proyecta tristeza por todas partes del cuerpo:
• La producción de neurotransmisores a partir del cerebro se altera,
• El nivel de hormonas varía,
• El ciclo del sueño se alborota,
• Los receptores neuropeptídicos en la superfície externa de las células de la piel se modifican,
• Las plaquetas sanguíneas se tornan más viscosas y más propensas a formar coágulos,
• Y hasta las lágrimas contienen trazos químicos diferentes al de las lágrimas de alegría.
Pero todo este perfil bioquímico es drásticamente modificado cuando la persona encuentra una nueva perspectiva para ver las diferentes situaciones de su vida.
Estos hechos confirman la gran necesidad de usar nuestra conciencia para crear las células que realmente necesitamos.
La ansiedad acaba pasando, así como la depresión, si terminamos con aquello que la causa.
El proceso de envejecimiento se acelera con la ansiedad y la tristeza y puede ser neutralizado cada día, viviendo con alegria, y tanquilidad.
Shakespeare no estaba siendo metafórico cuando a través de su personaje Próspero de La Tempestad dijo: “Nosotros somos hechos de la misma materia que los sueños”.
Si quieres saber como está tú cuerpo hoy, entonces recuerda lo que pensaste e hiciste ayer.
Si quieres saber cómo estará tu cuerpo mañana, observa tus emociones y pensamientos de hoy.
Cuida lo que piensas, busca lo que sientes y racionalízalo, recuerda que el mañana y tu salud depende de cómo te manejas hoy.
Pablo Martinez Veloz
Coach para Jóvenes
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