La tensión entre el Ejecutivo y Fuerza Popular adquiere, cada día, mayores proporciones. Martin Vizcarra ha terminado liderando, pareciera que sin proponérselo, un movimiento que es básicamente antifujimorista. Y cada intento por aglutinar más gente, recibe una fuerte respuesta desde el keikismo.
Y todo esto combina escenarios políticos y judiciales, donde algunos actúan con mucha pasión y poca razón. La intención de vincular a Fuerza Popular con “Los cuellos blancos del Callao” ha terminado con la inesperada declaración de José Cavassa, de haber estado con Peruanos por el Kambio, el partido de gobierno, durante las pasadas elecciones. ¿Para que se contrataría a un acusado de amañar procesos electorales?
Estamos, irresponsablemente, avanzando cada vez más a un punto de colisión.
El Presidente Vizcarra es empujado a la confrontación. Un día dice que puede aceptar cambios y sus voceros reconocen que no es posible hacer la reforma política a la carrera, y al siguiente exige que no se hagan modificaciones a sus propuestas y organiza desde Palacio la recolección de firmas para el referéndum. Está en éxtasis por el respaldo ciudadano, mareado por el poder.
Lamentablemente, las propuestas de reforma constitucional preparadas por el Ejecutivo han logrado un primer consenso: Son muy malas propuestas. Esta semana en que se ha comenzado el debate constitucional para la reforma del Consejo de la Magistratura, nos hemos encontrado con un segundo hecho previsible: El nivel de nuestros congresistas es muy pobre. La presentación del Ministro de Justicia ante la Comisión de Justicia del Parlamento, fue penosa. La intervención final del viceministro fue lo único rescatable, si algo se puede rescatar.
El Presidente Vizcarra está llevando al país a una situación en la cual el daño será irreparable. Gracias a la presión de organizaciones (que él está promoviendo) va a lograr que Fuerza Popular termine cediendo en cuanto a las reformas a producir. Pero las propuestas del Ejecutivo son malas, sin sustento y sin evidencias estadísticas ni de legislación comparada que las respalden. Y no tendrán ningún efecto en la lucha contra la corrupción. Y por el contrario pueden terminar por enredar aún más nuestro sistema político.
Es necesario que se retome la calma y la prudencia. Hay que acabar con la insensata polarización que desde los extremos se viene construyendo, retomar el camino del dialogo y los acuerdos, y no escuchar las voces de tanto “activista” con agenda propia. El Perú esta primero.