Punto de Encuentro

Censura a ministra Jara

Ante la agudización del escándalo generado por el espionaje a empresarios, políticos y periodistas, la presidenta del Consejo de Ministros, Ana Jara, ha querido mostrar rápidos reflejos, despidiendo a la plana mayor de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) horas después de haberse presentado ante el Pleno del Congreso de la República del último jueves.

Lamentablemente, debemos ser conscientes de que en política existen situaciones extremas que conllevan a una responsabilidad política insalvable e ineludible. Y esta es una de ellas, toda vez que se evidencia, con reestructuración incluida o sin ella, que hay una DINI mafiosa, extorsionadora y vendida al mejor postor.

Bajo estas circunstancias, por más buena persona que sea la doctora Ana jara, y por más voluntarismo político que imponga, no cabe sino la censura, pues alguien tiene que asumir el costo político por haber convertido a una entidad pública de las característica e importancia de la DINI en una suerte de ogro pérfido, inquisidor y diabólico, cuando debería estar al servicio de los más altos intereses del Estado y la nación.

La propia jefa del Gabinete y sus compañeros de la bancada oficialista han tratado de deslizar argumentos que defienden una supuesta tarea de limpieza en la DINI. Sin embargo ya es tarde, porque en la práctica sólo con sofismas tratan de justificar lo injustificable. La población no es ingenua y sabe perfectamente que lo realizado por este gobierno, vía el espionaje de la DINI, es consecuencia de una decisión política al más alto nivel y que, por ello, se aumentó el número de su personal y se incrementó su presupuesto apenas empezó la gestión del presidente Ollanta Humala.

Por tanto, hoy más que nunca la oposición parlamentaria tiene que estar a la altura de las circunstancias, debiendo cohesionarse en torno a la censura. No cabe otra alternativa porque licenciar a este gabinete sería la mejor señal democrática de fiscalización y contrapeso al Ejecutivo. No puede ser que la criminalidad aumente, el uso de armas en manos de delincuentes se generalice, el robo a las casas crezca incesantemente, así como el consumo de drogas y el boicot de los grupos radicales en provincias, pero la DINI nunca dé con los antisociales aunque sí se dedique a espiar a periodistas y empresarios. La mejor respuesta ante este desgobierno es la censura.

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