El presidente de la república, Martín Vizcarra hizo lo que tenía que hacer, es decir presentar “una cuestión de confianza” al parlamento; y es que está en la constitución la facultad que tiene el Presidente de solicitarla al Congreso y si este se la niega en dos oportunidades, él tiene la potestad de disolverlo.
Si alguien pensaba que Vizcarra era temeroso, pusilánime etc., se equivocó; ha puesto en jaque a un congreso obstruccionista que a pesar que el sistema de justicia está en crisis y de haber recibido 4 proyectos de ley, se niega a aprobarlos. Incluso son usos y costumbres que cuando el poder ejecutivo envía proyectos de ley al congreso, éstos se debaten inmediatamente, algunas veces se les exonera de dictamen de comisión e ingresan directamente al pleno.
Pero el fujimorismo no entendió el poder del presidente y lo ninguneó. Decían que en su momento lo verían y muchos negaban la posibilidad de hacer el referéndum en diciembre, en la fecha que se hará la segunda vuelta electoral.
Ahora al fujimorismo le quedan dos alternativas: someterse a Vizcarra y aprobar los 4 proyectos de ley inmediatamente para convocar el referéndum en diciembre o ignorar el pedido de confianza, entonces el presidente procedería a disolver el parlamento.
¿Qué sucederá si disuelve el parlamento? Se van a su casa todos los parlamentarios, excepto la comisión permanente y el presidente convoca a elecciones congresales solamente.