Hace unos años[1] tuve una extensa conversación con el maestro Javier Valle Riestra, en aquella oportunidad le solicité una entrevista[2] por un trabajo que me programaron en la universidad referido al parlamento bicameral, aquel día indicó que una referencia para un futuro senado peruano podría ser la cámara alta del Oireachtas[3] irlandés por su singular composición, sobre todo, por su sistema de elección de paneles, el cual consiste en individuos que poseen conocimientos específicos o experiencia en alguno de estos cinco campos: i) Enseñanza, arte, idioma irlandés, cultura y literatura irlandesa; ii) Agricultura y Pesca; iii) Trabajo; iv) Industria y comercio; v) Administración Pública y servicios sociales. Este sistema electoral de la cámara alta apunta a consolidar una segunda instancia revisora que perfeccione el procesamiento y calidad de las leyes mediante la especialización; de tal manera, que se eviten precipitadas improvisaciones en el ejercicio legislativo, generalmente ocasionadas por el devenir coyuntural de los parlamentos unicamerales. Esto a modo de ejemplo para ponerlo en agenda llegado el momento del debate.
Ahora bien, Fermandois Vöhringer[4] (1997) indica lo siguiente respecto al parlamento bicameral: “Conocido es el aporte de Montesquieu (Charles-Louis de Secondat) al desarrollo de las formas de gobierno. Para él, todo poder único es tiránico, y para refrenarlo no hay otro recurso que dividirlo. Eso también es aplicable al caso del poder Legislativo, que es el supremo de los poderes en los gobiernos libres para Montesquieu en que existe una tendencia por parte de la Asamblea (Cámara Baja) a convertirse en un poder irreflexivo, por lo que otra cámara ayuda a balancear este poder (…) La doctrina va naturalmente asignándole al Senado y, no a la Cámara Baja, la misión de prestigiar el producto legislativo mediante su revisión cuidadosa”.
En tal sentido, en consonancia con lo expuesto por el profesor Fermandois al citar a Montesquieu, considero que la división del poder legislativo en el Perú es, particularmente, necesaria sobre todo porque nos encontramos ante un parlamento cuestionado por la calidad productiva, moral y académica de sus miembros. Esta ya no es una situación eventual o circunstancial, estamos frente a un problema que implica reformas de fondo y afecta a nuestro país desde 1993; la actual estructura legislativa es propensa a ser capturada por organizaciones políticas frágiles que son el resultado de la crisis institucional de los partidos políticos[5]. El actual Congreso de la República (unicameral) fue creado en circunstancias cuestionables cuyo escenario y contexto político apuntaba a que el gobierno, de facto y de turno, ejercite control sobre el primer poder del Estado aprovechándose de la debilidad institucional. Si ahora nos encontramos ante un escenario político que parece apuntar al retorno de la bicameralidad, ello debe asentar no a constituir un Senado mellizo de la cámara de diputados, dejemos eso para sociedades altamente desarrolladas y con profunda tradición democrática.
Nuestro senado debe contemplar el debate de modelos como el irlandés u otro que nos plantee alternativas que conduzcan a la elección de senadores que cumplan con las expectativas y parámetros exigidos por el pueblo en relación a la función que deben desempeñar los representantes de altas cámaras para el perfeccionamiento de las leyes y su correspondiente ejecución. Necesitamos un debate serio y ¡cuidado! con proponer y justificar la idea de una comisión permanente que haga las veces de senado, son artimañas de los arquitectos y defensores del actual sistema que no ha hecho más que alejar al pueblo del Estado.
[1] En el 2013.
[2] Buscaré el registro audiovisual para publicarlo.
[3] Parlamento irlandés.
[4] Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile y maestro en Gobierno por la Universidad de Harvard.
[5] No es más que una de las facetas de la crisis institucional generalidad del Estado y la sociedad nacional.