Punto de Encuentro

One Belt, One Road (OBOR)

6 Octubre, 2018

El avance del Dragón Chino en la escena internacional. 

Por: Sergio López Rodríguez

sergiolopezpoa@gmail.com

Desde fines del año 2013, el presidente Xi Ping está promoviendo “One Belt, One Road” (OBOR), conocido también por  “The New Silk Road” (Nueva Ruta de la Seda), el  “Cinturón Económico de la Ruta de la Seda o la Iniciativa de la Ruta Marítima de la Seda”.

Esta propuesta no llega por acaso en este momento, es fruto de una política de cambios en la economía nacional que comenzó hace más de dos décadas con Den XiaPing (1990) y se consagra con una propuesta de alcance global.

La política exterior de China esta en evolución desde los años noventa. Den XiaPing (1990-2001) mantuvo un bajo perfil en su relación con las grandes potencias. Luego con Hu Juntao (2002-2012) se buscó alcanzar un importante desarrollo y mantener la ascensión pacífica, específicamente en relación a la hegemonía americana.  Con la elección de Xi Ping (2013) China ha logrado mantener una economía estable, que le permite adoptar una posición de poderío económico-militar frente a otras potencias.

Xi Ping es elegido en el año 2013 por el partido, en un momento en que la sociedad está en pleno crecimiento económico, ansiosa por conocer los pasos a seguir en el llamado “China’s Dream” (Sueño de China), para cumplir ese anhelo, tiene la necesidad de seguir creciendo y los líderes chinos han considerado que  la Nueva Ruta de la Seda es la respuesta.

La propuesta Gubernamental china consiste en un plan para crear dos corredores de comercio: uno marítimo y otro terrestre, con el fin de conectar las entrañas de China en términos globales, de esa manera, se han iniciado una serie de acercamientos y proyectos en  Asia Central, Sud Asia, Asia del Este, África, Europa del Este y Rusia.

El gigante Asiático, propone la construcción de un cinturón terrestre y otro marítimo que conectará 68 países, abarcando 65% de la población mundial. Construyendo rutas transcontinentales, corredores, autopistas, puertos, aeropuertos, gasoductos con una inversión estimada de dos a tres trillones de dólares, en un plazo máximo tres décadas para su realización total.

En el ámbito internacional, el impacto del  plan presenta un camino para encontrar nuevos socios comerciales para China, y disminuir la dependencia de los EEUU.  El comercio de bienes y servicios entre U.S. y China alcanzo un estimado de $710.4 billones en el año  2017.  Las exportaciones para U.E. fueron de  $522.9 billones, representando un 19% del total de exportaciones del total de China.

A nivel interno la economía china esta comenzando a mostrar signos de deceleración. Por otro lado también existe un desarrollo desigual entre región este (región de puertos y costas) y oeste del imperio (sin salidas marítimas), en definitiva, este plan también ayudaría a acelerar la región Oeste.

La puesta en marcha del proyecto  representa una oportunidad única para exportar maquinaria pesada, financiamiento  y know how en infraestructura. Productos de alta tecnología como el famoso Tren Bala, el desarrollo de la industria de telecomunicaciones, que ya viene siendo negociada por el chino con países vecinos como Indonesia, Rusia, Irán y la India.  Como es predecible, la oferta de financiamiento por parte del gobierno chino influencia en la compra de productos y mano de obra del mismo origen.  Como es el caso de la construcción de puertos secos y la extracción de minerales en Kazakstán.

Algunos analistas resaltan como obstáculos que determinados países, considerados en el proyecto, son política y económicamente inestables, ello conlleva que las relaciones entre las empresas orientales y estas naciones se caractericen por la complejidad y la observancia de delicados vínculos entre los grupos políticos y empresariales.

Como era de esperarse, los críticos del One Road, están conformados por las naciones que no forman parte del proyecto.  Existe el temor a que detrás de este imponente programa económico de ampliación de las inversiones comerciales chinas, existan intereses expansionistas. Todo esto puede dificultar la captación de inversores que darían lugar al suceso del plan a largo plazo.

¿Cómo debemos entender el OBOR? En primer lugar, no sólo es una nueva propuesta comercial global, también es innegable que representa una oportunidad de avance político del Dragón Rojo, además, comprende un importante desafío para las habilidades de la diplomacia china que desde hace años se esfuerza en convencer a los gobiernos vecinos de sus intenciones de desarrollo económico para la región, así como de mantener la credibilidad del proyecto frente a los inversionistas.

A modo de reflexión, la República China con bajo perfil es parte del pasado, estamos frente a una potencia que retornó y reclama su lugar como imperio milenario. En ese sentido, cobran mayor relevancia los esfuerzos del gobierno chino en relación a Latinoamérica.  En enero de este año, el Ministro para Asuntos Externos Wang Yi extendió una invitación informal para los países del Caribe y América Latina durante una reunión de la CELAC en Santiago de Chile, un poco más tarde, en el mes de setiembre, el gobierno de Costa Rica firmó un “Memorando de Entendimiento sobre Cooperación”, para promover conjuntamente el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y la Iniciativa de la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI.

 

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