Punto de Encuentro

Entrevista a Luis Meléndez

Luis Meléndez es antropólogo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tiene una maestría en ciencia política por la FLACSO-Ecuador, y actualmente es coordinador de investigaciones del Instituto de Estudios Políticos Andinos. A continuación responde algunas de nuestras inquietudes sobre la realidad política en Cajamarca a partir de sus investigaciones realizadas en dicha región.

- El año pasado usted publicó un artículo en la Revista Argumentos del IEP sobre los poderes fácticos regionales durante el conflicto minero Conga en Cajamarca, ¿nos podría resumir sus principales argumentos?

El argumento es sencillo: Gregorio Santos, más que ser una autoridad que moviliza, es una autoridad movilizada. Desde la prensa y parte de la academia se ha solido calificar a Santos como el gran movilizador de las protestas contra el proyecto minero Conga; se ha querido ver a Santos como el gran azuzador y promotor de las movilizaciones. Sin embargo, la realidad dista mucho de esa imagen. Santos salió electo con un discurso crítico para con las mineras pero que no hacía alusión alguna al proyecto Conga (su desconocimiento sobre el proyecto era casi absoluto). Es a partir de las reuniones promovidas por las rondas campesinas y frentes de defensas (articuladas en una coordinadora interprovincial) que la gestión regional comenzó a informarse sobre el proyecto y a evaluar los potenciales escenarios políticos. Pero así y todo, para ese entonces Santos todavía se cuidaba mucho de brindar un discurso público definido sobre Conga, tanto así que para algunos sectores movilizados su silencio era sintomático de su complicidad con Yanacocha; ¡hasta querían revocarlo! Es recién con la convocatoria de paro indefinido promovido por los frentes de defensa y rondas campesinas –esos poderes fácticos locales– que Gregorio Santos y su gestión se ven arrinconados, ven que no hay marcha atrás, y dan a conocer abiertamente su oposición al proyecto minero. El sentimiento anti-Conga había ganado tanta fuerza que eran ellos o la minera. Así de simple.

 

- ¿Se podría decir que actualmente en la región Cajamarca existe una sociedad politizada?

 

En términos generales, lo interesante del caso Cajamarca es que permite visualizar cómo la relación entre sociedad y actor privado (como es la empresa minera) también puede afectar el tipo de relación entre sociedad y estado (ya sea a escala nacional o subnacional). En el contexto de conflictividad por el proyecto Conga –que directamente compete a una compañía privada y a ciudadanos movilizados–, las brechas entre estos ciudadanos y sus autoridades regionales se han acortado. Citando a Auyero, se podría decir que la ‘zona gris’ entre sociedad y estado (gobierno regional) se ha hecho más densa y amplia. Este fenómeno permite un mayor flujo de capitales (ideacionales y de otro tipo) entre un ámbito y otro, haciendo que problemáticas como las de Conga, planteadas desde un inicio por agentes de la sociedad civil, sean absorbidas y apropiadas por autoridades estatales como Santos. Pero lo relevante aquí es que esta capacidad de injerencia y sanción política, de parte importante de la sociedad civil cajamarquina, se ha ido constituyendo a la sazón de los sucesivos estallidos sociales (Quilish, Combayo, Conga). Estos conflictos han permitido la formación de una estructura organizativa mínima –con muchas limitaciones, por supuesto– que ha logrado articular a sectores rurales con urbanos, y politizar y propagar demandas ciudadanas como las relacionadas al proyecto minero en cuestión. Entonces, si por ‘sociedad politizada’ entendemos una sociedad con la facultad de reconocer al menos algunas de sus problemáticas sociales y transformarlas en demandas políticas direccionadas a sus autoridades competentes, definitivamente Cajamarca encaja en dicha calificación.

- Hay un fenómeno político en estos momentos realmente interesante, que es el Movimiento de Afirmación Social (MAS). ¿Por qué cree que esta organización política logró éxito electoral y no el Tierra y Libertad del Padre Marco Arana?

Patria Roja, núcleo del MAS, tiene décadas operando en Cajamarca y ha logrado extender sus tentáculos en las dos organizaciones sociales tal vez más extensivas en las áreas rurales y urbanas de la región: las rondas campesinas y el SUTEP. En su condición de ex dirigente rondero y profesor de primaria, el mismo Gregorio Santos sintetiza en su persona a estas dos importantes estructuras organizativas del departamento. Además, Patria Roja ha podido reinventar su discurso dándole un perfil más ambientalista que ha logrado capitalizar parte del descontento para con la minería. Esta infraestructura política construida en todo este tiempo, no solo tendría el potencial de movilizar manifestantes, sino también a un electorado disconforme y en su mayoría rural. El caso de TyL es un tanto diferente, pues su trabajo político aún no es tan intensivo como el de Patria Roja, sus cuadros son más técnicos que políticos (aunque esto suma mucho en determinados contextos), y sus redes están más acotadas a áreas urbanas. Pero claro, no exageremos, tampoco es que estos factores, digámoslos más ‘estructurales’, determinan sí o sí el éxito o fracaso electoral de estas agrupaciones; sino que también hay que remitirnos a factores más coyunturales y volátiles: temas como alianzas electorales, selección y perfil de candidaturas, competencia política electoral, etc., son también decisivos. Por ejemplo, en el 2010, Gregorio Santos (quien ya venía de una derrota en el 2006), ganó, en parte, gracias al retiro abrupto de la candidatura de Absalón Vásquez, quien era uno de los candidatos favoritos; si esto no ocurría, tal vez la historia hubiera sido muy distinta…

- ¿Se puede decir que quién logra una “alianza estratégica estable” (pongámoslo en esos términos) con las rondas campesinas gana las elecciones en Cajamarca?

No es tan sencillo. Para comenzar, hay rondas para todos los gustos. Hay rondas afines a Patria Roja, rondas afines a otras agrupaciones políticas, rondas más independientes. Por eso a lo que iba más arriba, si bien construir un armazón organizativo teniendo como eje a las rondas (o a parte de ellas) ayuda mucho, tampoco es que sentencie tu éxito o fracaso en una contienda electoral. Eso también dependerá, por ejemplo, de estrategias más coyunturales, entre otros factores políticos.

- ¿Cree que existe un antes y un después de Conga en la política regional cajamarquina?

Más que Conga, lo que yo creo que existe es un antes y un después desde la llegada de Yanacocha. En los más de veinte años del asentamiento de Yanacocha en Cajamarca, toda una generación de cajamarquinos se ha formado políticamente entre marchas y peroratas contra la mina. Algunos de los dirigentes anti-Conga han participado en la defensa del Quilish durante sus años universitarios; y muchos de los hoy dirigentes universitarios que se movilizan en contra del proyecto minero, han hecho lo propio cuando eran escolares. Que en el camino a las lagunas que se verían afectadas por el proyecto minero, producto del ruido de la camioneta, salgan niños de sus casas gritando “¡Conga no va!”, te indica mucho de la cultura política regional que se ha venido forjando en todos estos años. Es por eso que en la práctica, y más allá del repertorio discursivo de los movilizados, el conflicto Conga, y el conflicto con Yanacocha en general, trasciende la defensa del agua, para convertirse en un nodo articulador sobre el cual se teje la identidad de la población cajamarquina. Por esto es que el caso Conga puede ser calificado como un ‘conflicto memorable’, teniendo en cuenta su magnitud (de alcance regional), duración (las primeras movilizaciones datan del ¡2004!, entrando a una fase crítica desde el 2011, y sin resolución al 2015) y simbolismo (en el fondo va más allá del tema del agua y se asume como una cuestión de respeto y dignidad).

- ¿Y cómo el conflicto Conga ha afectado la gestión de las autoridades locales en Cajamarca?

El conflicto, sin duda alguna, marcó la agenda de las autoridades cajamarquinas. Nadie se salvó. Por ejemplo, en Celendín, antes del conflicto, no existían organizaciones como la Plataforma Interinstitucional Celendina, y las rondas campesinas de la provincia estaban fragmentadas. A nivel departamental, el Colectivo por Cajamarca era una agrupación inexistente, y las coordinaciones de los frentes de defensa difícilmente trascendían lo local. A raíz del conflicto, estos sectores sociales comenzaron a empoderarse, articularse y sumar recursos organizativos para realizar una oposición más consistente en contra del proyecto de Yanacocha. Pero una vez iniciada la fase más crítica del conflicto, este fortalecimiento organizativo también les sirvió para ejercer una presión y control más intensivo sobre las autoridades de sus jurisdicciones: en Celendín el alcalde provincial tuvo que abandonar el cargo por algunas semanas por temor a la represalias de los anti-Conga, y, a nivel del gobierno regional, Santos se plegó al conflicto luego de un inicial indefinición. Sin embargo, es poco probable que estos mecanismos de presión (salvo excepciones) vayan más allá de las temáticas ligadas al conflicto, y que perduren con la misma persistencia luego de terminada la contienda, aunque dejan huellas organizativas que se pueden reactivar en cualquier momento.

- Finalmente, ¿qué tan importante es para usted el liderazgo de Gregorio Santos en el MAS? ¿Cree que sin él esta organización política no tendría el éxito electoral?

Creo que el MAS viene demostrando que tiene la capacidad de llenar los vacíos que dejan sus cuadros políticos. Uno, acostumbrado a ver caudillos ‘irremplazables’ en una y otra agrupación política, se preguntaba si Santos podría tener un reemplazo proveniente de su misma cantera, y en qué medida este reemplazo podría mantener un discurso coherente con su antecesor. Sin embargo, Porfirio Medina, quien viene reemplazando a Santos en el cargo de presidente regional (ahora gobernador regional), ha dado indicios de soltura y manejo político en una dirección similar a la de Gregorio Santos. Vaya casualidad, tienen un historial político muy parecido. Nos guste o no, en sus lineamientos generales, hay una continuidad y secuencia política más o menos coherente que no se ven en otros partidos y movimientos políticos del país. 

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