Por Juan Carlos Mejía Seminario.
Leer a Harry Potter es una delicia. La alta calidad de los personajes. Los perfiles psicológicos. El haber resucitado a Hitler a través de Voldemort. El haber usado la alta Teología de la Muerte para vencer al Oscuro pinta genialmente la inteligencia suprema de JK Rowling. Ella explica que la única forma de vencer al Maligno era que Harry muriera. Pura teología cristiana. Así a algunos no les guste y quieran pintar como algo malo la saga potteriana. Hay momentos en que solo la inmolación puede salvar y vencer. Harry decidió suicidarse. Decide ir a buscar a Voldemort en la madrugada al bosque para entregarse a la muerte.
Albus Dumbledore formó a Harry Potter. Lo preparó mentalmente para liderar. Y le enseñó siempre que su vida corría peligro. Que ser el elegido para liderar una causa pondría en riesgo su existencia. Harry siempre estuvo consciente de que podía morir. O incluso que debía morir. El maestro formó al discípulo para momentos oscuros. Harry vio a su maestro incluso inmolarse. Tenía muy claro el camino.
Haya de la Torre al formar a sus discípulos últimos les mostró que el camino no sería sencillo. Cuando García asume el liderazgo era consciente de que eso podía pasarle. Parece mentira pero la decisión de vencer al maligno con su propia muerte era la única salida. Y Alan no dudó. Ni un segundo. Sabía que su decisión sería el detonante para que el Dictador saliera a la Luz. Sabía que su acto haría retroceder a la mafia de Palacio y sus aliados. Y sabía que irían tras su partido luego de su muerte. Y eso haría entender que no era contra él. Era contra toda la oposición. García eligió igual que Harry morir para vencer. El tiempo demostrará que no se equivocó. Ni más ni menos.