El Perú asiste a los últimos días de un triste señor que solo quiso por ser Presidente y nunca tuvo conciencia real de lo que es un Gobierno y de cómo conducirlo.
Su ambición desmedida, su falta de compromiso con el país, su manifiesta deshonestidad le ha llevado incluso a causar la muerte de un Ex Presidente de la República. Mirarlo no solo es un deber. Sino que también debe ser nuestra lección aprendida para no elegir gente sin preparación ni talento para gobernar. No nos preocupemos solamente de los deberes de los elegidos. Fundamentalmente preocupémonos de los deberes de los electores. ¿Qué pueblo tenemos? ¿Es correcto que haya peruanos que digan “éste Congreso” no me representa? ¿Entonces quién elige a los congresistas? ¿Quién elige al Congreso? Son una acumulación de estupideces sin sentido. Propios solamente de personas irresponsables. Una de las idioteces ideológicas que te vende el marxismo puro es que todo se determina sin posibilidad de error. Y resulta una estupidez porque en el campo del ser humano, éste por naturaleza es libre. Imposible poder científicamente determinar su conducta. El marxismo y todas las ideologías autoritarias creen que determinar es poder manipular. La manipulación dura poco tiempo. Es imposible. Los campos de Libertad son muy fértiles para que prevalezca la dictadura determinista. Por eso, esa forma de gobernar de Vizcarra lleva intrínsecamente al fracaso. No hay forma que llegue a buen puerto.
Su nula preocupación por el crecimiento económico y por alcanzar niveles de desarrollo es evidente. Su desconocimiento total de las funciones propias de un Jefe de Estado lo pinta como un accidente en la Historia de la Nación. Estamos asistiendo a sus últimos días. Y parece que su final será imprevisible. Ni más ni menos.