Punto de Encuentro

¿Toda la culpa la tiene Mario?

5 Agosto, 2019

Nathanael Peralta Luis

La postal burguesa que tanto tiempo ha tomado poner en cuestionamiento hoy por hoy se nos muestra más voraz e impasible que nunca. Nueve cogotudos de “impecable trayectoria” se pusieron traje y corbata: Quietos, sonrientes, ignotos (sí, tres adjetivos menores pero bien puestos) ante un público bullicioso y eufórico. En ese momento justo, cuando todos se miraron con sus blancas frentes manchadas por el tiempo, habrán pensado ¿la cagamos? NINGUNA MUJER, salvo las anfitrionas que les pasan los micros. El evento más importante de la cultura libresca en el Perú y una de las ferias del libro más importantes en Latinoamérica dando el sobrecogedor mensaje de la invisibilización de la mujer, el símbolo mismo del machismo heteropatriarcal blanco del que ellos mismos pretenden estar en contra. Entonces surgen como una manada de perros embravecidos todos aquellos defensores del “sagrado sentido común”. No se dan cuenta que el asqueroso espectáculo ceremonial de frotarse los falos hasta la pormenoriosa eyaculación de los aplausos refleja el profundo sometimiento contra todo lo que no tenga un “pene” (?). Pero lo hicieron de manera inconsciente. Es justo en ello donde los traiciona el lenguaje. El ello se ha escurrido a través de la máscara y se ha mostrado como en verdad es. Sus disculpas tibias no reparan el mensaje, no hay vuelta atrás. Nos hemos encontrado con la contradicción ética que propone el gobierno de turno y es justo en sus políticas “inclusivas” donde se ha desbordado el machismo histórico que por siempre ha encontrado los medios para hacerse presente. No necesitamos ganar más espacios de hegemonía masculina, ni mucho menos de apellidos de avenida ni de la cultura sexualmente penetrativa, la cultura de la violación simbólica. Hay que utilizar los que ya tenemos y volverlos trincheras en favor de nuestras compañeras feministas, de la diversidad sexual, étnico-racial, y toda la gama diversa y combativa que soñamos con ver al heteropatriarcado blanco, viejo y caduco perecer. Que nuestra generación sea reconocida como aquella que no dio un paso atrás en el desbarrancadero de la vida, donde tengamos un cielo rojo y podamos volar libres, y que no se repita el religioso ritual de aplausos y voces, nauseabundo y medieval de una fila de hombres posando para la foto con la conciencia tranquila que allá afuera nadie dirá nada. Demostrémosles que están equivocados. Que la mecha que ellos prendieron será el inicio del incendio del cual seremos parte. Una revolución del cuerpo, cholx, afro, marica, andrógino y trans, para abandonar el espacio abyecto y soterrado donde nos han querido, desde ahora y para siempre, de manera infructuosa, someter. Porque, en palabras de Steiner, no existe aquello que no se nombra.

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