Punto de Encuentro

La prueba es para todos

Por Antero Flores-Araoz

Como toda moneda o medalla, la globalización también tiene dos caras, pues mientras el intercambio comercial aumentó en forma vertiginosa en los últimos lustros, favoreciendo a buena parte del mundo, no es menos cierto que en la otra cara hay situaciones que afectan, o pueden afectar por igual, a todo el universo.  Ejemplo de esto último lo tenemos en la pandemia declarada por la OMS, como consecuencia del corona virus, que perjudica a todo el globo, aunque por ahora en diferentes niveles.

El Gobierno Nacional, con oportuna prudencia y ejercicio de autoridad, que no le conocíamos y que nos ha sorprendido positivamente, ha reaccionado adecuadamente, según nos dicen los expertos sobre la materia. Ha dispuesto “cuarentena” por una quincena, restricción del transporte público y privado, toque de queda, subsidio a quienes más lo necesitan, facilitaciones en las entidades de salud, patrullaje por las Fuerzas Armadas y Policiales, garantías para el expendio de alimentos y medicinas e igualmente para la dotación de servicios públicos esenciales, entre muchas otras medidas.

Es más que evidente que las medidas tienen carácter de extraordinarias y temporales, las que van haciéndose más estrictas o menos, según la población sea más o menos responsable en el cumplimiento de ellas, debiéndose acotar que las normas no solo tienen que ser acatadas, sino también cumplidas, nos gusten o no, pues ellas son regulaciones para la vida en comunidad entre los seres humanos y hay deber ético, además de legal, de su cumplimiento.

El reto de salir airosos de la crisis, no solo es del gobierno, sino de toda la ciudadanía, por lo que hay que invocar a nuestra población a ser celosa cumplidora de las disposiciones para la emergencia que se van aprobando y, que no tiene derecho alguno a exponer su vida ni la de sus congéneres con actos u omisiones irresponsables.

En el mundo en que vivimos no hay nada perfecto y por la naturaleza de los seres humanos y su comportamiento, no lo puede haber, por lo que es hora de bajar el tono de críticas para ir a la actuación positiva.

El asunto es gravísimo, la reclusión en los domicilios es indispensable, la inasistencia a centros de labores no constituyen vacaciones, pero tenemos también que ocuparnos no solamente de los que padecen infortunio, sino de los que siendo informales, están en el día a día y sus fuentes de ingreso han dejado de sostenerlos, a ellos y a sus familias, como son los vendedores ambulantes,  los canillitas, los migrantes sin recursos de otros países, los independientes destajeros, los mototaxistas y, en fin, tantos otros que están sufriendo penurias.

Sería conveniente y solo como sugerencia, no es crítica, que se convoque a los mejores expertos economistas para aconsejar las medidas que más convengan tomar, cuando haya sido paliada la crisis sanitaria, a fin de recobrar el tiempo perdido y, de ser el caso, retornar la senda del crecimiento que en los últimos años lamentablemente fue insuficiente.  

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