Punto de Encuentro

El sabio Fernando Cabieses (I)

16 Abril, 2020

Grover Pango

Grover Pango Vildoso

En el delicado y amplísimo campo de la medicina, específicamente en la hoy tan demandada especialidad de la neurocirugía, el Perú tuvo como pionero al doctor Fernando Cabieses Molina. Pero el doctor Cabieses fue mucho más que un médico-cirujano.

Hijo del Cónsul del Perú en México, Eduardo Cabieses Valle-Riestra, y de Alicia Molina Font, ciudadana mexicana, Fernando nació en Mérida, Yucatán un 20 de abril de 1920, cuando los ecos de la revolución (1910-1917) aún estremecían ese país.

El joven Fernando llegó al Perú a los 15 años, fue alumno del colegio Champagnat y luego estudió medicina y biología simultáneamente en la Universidad de San Marcos.

Fue discípulo y colaborador de August Weberbauer (1871-1948) naturalistabotánico y profesor universitario alemán, así como del peruano Carlos Monge Medrano (1884-1970) médico, investigador y catedrático universitario, a quien se debe los más importantes estudios sobre el “mal de altura” o soroche.

La extraordinaria versatilidad profesional de Cabieses lo condujo hacia especialidades novísimas en la medicina peruana como la neurología y la neurocirugía. Las primeras operaciones de los aneurismas cerebrales corrieron a su cargo, así como el tratamiento de la epilepsia. Su amistad con el médico peruano Juan B. Lastres (1902-1960) -una autoridad en la historia de nuestra medicina- lo llevó a colaborar con él en la preparación y publicación de “La trepanación del cráneo en el Antiguo Perú” (1959).

 

Buscando la interconexión científica, Cabieses ingresó al mundo de la antropología y avanzó hacia ámbitos de las plantas rituales y sus derivaciones medicinales. De allí sus estudios sobre la coca, el sampedro y la ayahuasca. En ese camino era inevitable encontrarse con otras plantas exóticas como la uña de gato, la maca, la sangre de grado y aún el ají. Los estudios de este último casi le cuestan a Cabieses la ciudadanía mexicana (que conservaba por su nacimiento) pues en ese país se considera que el “chile” –ají- es originario de allá.

Conocí al Dr. Cabieses en circunstancias muy singulares. Como suele decirse, “conocer” a alguien lleva implícita una dualidad: si un amigo nos dijera que conoce a Bill Gates porque vio una conferencia suya en youtube no estaría mintiendo; aún con más razón podría afirmar que lo conoce porque asistió a una conferencia y que guarda un autógrafo suyo. Pero eso no significa que Bill Gates conoce al amigo.

Algo de eso ocurrió en este caso. Según recuerdo corrían los primeros días de junio de 1978 y el doctor Cabieses estuvo por Tacna para dar una conferencia académica en el auditorio de hospital. Me parece que por entonces divulgaba investigaciones en torno al uso medicinal o mágico que tenían las trepanaciones en la cultura Paracas. Ya entonces el doctor Cabieses era un científico prestigiado y era absurdo desaprovechar la oportunidad de conocerlo y escucharlo.

Una verdadera ovación coronó su interesantísima conferencia. Sonriente y satisfecho agradeció la asistencia y, con suma delicadeza, informó que se quedaría unos cuantos minutos más para pasar una película muy corta para quienes desearan verla –los videos aún no existían- sobre un tema totalmente distinto: la trayectoria social y política de Víctor Raúl Haya de la Torre [[1]]. Muy poca gente se retiró del auditorio y se procedió a la proyección del “corto”; luego, entre muestras de respeto y la mayor cordialidad con el conferencista, los asistentes nos fuimos retirando. Así fue que conocí al doctor Cabieses.

Tuvieron que pasar muchos años para que nos volviéramos a encontrar, él convertido en una celebridad de la medicina, no sólo peruana, y yo cumpliendo un encargo político del gobierno que presidió el doctor Alan García Pérez entre los años 1985-1990.

El tiempo se había encargado se hacer cada vez más evidente la inmensa capacidad profesional del doctor Cabieses así como su compromiso social y político en el Perú. Ello quedó demostrado al aceptar responsabilidades que, no obstante su aparente incompatibilidad, en él eran plenamente coherentes.

Desde 1980 el Perú soportaba la amenaza terrorista de Sendero Luminoso. Una cadena de sucesos sangrientos forzó al gobierno del Presidente Belaúnde a declarar en 1982 el “estado de emergencia” en el departamento de Ayacucho y en varias provincias los derechos constitucionales estaban suspendidos. 

Pero fue al comienzo del primer gobierno de Alan García Pérez que se produjo la ‘masacre de Accomarca’, el 14 de setiembre de 1985, cuando un contingente del Ejército atacó aquella aldea ayacuchana. La incursión ocasionó la muerte de 69 campesinos con la justificación de aniquilar a un escuadrón terrorista.

Una inmediata reacción del gobernante fue la conformación de la primera Comisión de Paz a la que estuvo convocado el doctor Cabieses, la misma que renunció por razones nunca suficientemente aclaradas. En febrero del año 1986 se conformó una segunda comisión que volvió a incluir al doctor Cabieses. Pese a sus esfuerzos, la voluntad pacificadora fue superada por la realidad [[2]]. 

[1] Estaban próximas las elecciones para elegir una Asamblea Constituyente que diera una nueva Constitución; estaba vigente la de 1933. La elección fue el 18 de junio. El Partido Aprista Peruano obtuvo la primera votación con1.240.674 votos. Haya de la Torre alcanzó 1'038,642 votos preferenciales.

[2] La primera comisión fue presidida por al abogado Mario Suárez Castañeda e integrada por monseñor Augusto Beuzeville; Fernando Cabieses, médico vinculado al Partido Aprista; Diego García‑Sayán, secretario ejecutivo de la Comisión Andina de Juristas: César Rodríguez Rabanal, psicólogo, y Alberto Giesecke, conocido científico.  // En febrero de 1986 la Comisión de Paz estuvo presidida por el doctor Fernando Cabieses e integrada por César Rodríguez Rabanal y Mario Samamé Boggio.

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