En esta semana, imágenes de Gamarra inundada de ambulantes y estaciones de servicios delivery fueron tendencia. Los comentarios por una parte de la sociedad buscaban diferenciarse de esa otredad, a la cual era imposible comprender y se la tildaba de inentendible por salir y no cumplir las normas de sanidad.
Casi a la par, aparecieron playas de Barcelona y calles de Miami tan repletas como el barrio de La Victoria. Y el argumento que la ignorancia y la falta de educación eran las responsables se desmontó para algunos.
La semana pasada mencionaba acerca de la negación como un mecanismo de defensa, que se entiende como una reacción inconsciente al servicio de la persona para mantener su equilibrio psíquico. La negación en sí se basa en la convicción pre lógica de que “si no lo sé, no está pasando”. Así, el individuo pretende que no existen aspectos obvios de la realidad, como sería el riesgo del contagio o la exposición al peligro.
Sin embargo, una misma acción no es respuesta de una misma causa. Es quimérico pretender que ir a una playa o un centro comercial se sustenta en los mismos motivos que ir a trabajar.
El alcalde del distrito mencionado, alegaba que las personas no entendían lo que sucedía. A pesar de la advertencia de la riesgosa situación y las medidas que debían de tomar, el resultado fue desorden y aglomeración. Lo que calzaría con la definición dada de negación. Donde una persona al desentenderse de la problemática busca denegarla. Pero, cuando la necesidad de trabajo y alimento es más tangible que el contagio de un virus, dejar de trabajar sería la negación del hambre. Pues, mientras el virus tiene tratamiento, la inanición no.
Colocar a un grupo de personas en una otredad no es favorable, por la usual tendencia a priori de desestimarla. La situación de concurrencia social se repite en otros lugares limeños de características socioeconómicas más favorables. En los cuales sí podría entraría a tallar la negación como modelo explicativo de la conducta, por no haber una necesidad real de saciar las carencias fisiológicas básicas. Principalmente en aquellas primeras personas en irrumpir la cuarentena.
Actualmente, está diluida la diferencia entre quienes niegan el riesgo del virus y quiénes no. Más pareciera que el ejecutivo durante los 70 días negó la necesidad real de sus ciudadanos por contar con un servicio apto para la gravedad del asunto. Tanto así, que recién están al alcance público los datos abiertos del COVID-19. A respuesta de la presión mediática y social ante el encubrimiento evidente de la verdad.
Debemos recordar que los mecanismos de defensa funcionan a disposición de la persona, y su lógica no es aplicable para un grupo de personas que en teoría trabaja en aras de la sociedad.