Mi nombre es Patricia, soy una mujer de 46 años que vivía corriendo, trabajando, enamorada de la acción y que buscaba ganarse a sí misma a través de mejores trabajos, mejores sueldos, más títulos o grados académicos. Mi profesión inicial es la ingeniera de sistemas y esta me trajo como regalo el enorme deseo de investigar continuamente, ver diferentes maneras de vivir y aprender, sin embargo, había algo que me faltaba y que a mis 44 años no podía verlo solo sentía que lo que estaba viviendo y haciendo en ese entonces no me llenaba y sobre todo “no honraba lo que verdaderamente era”.
Hace 12 años a través de un programa de coaching transformacional descubrí el coaching y me maravillé de ver que para obtener algunas de las cosas que quería en mi vida no era suficiente cambiar mis acciones, sino que era importante trabajar en el SER y aprender nuevas formas de SER para mi vida, como la amorosa, la perseverante, valiente y la apasionada y desde ese lugar accionar para lograr los resultados que deseo, sin embargo, poco a poco comencé a sentir que eso no era suficiente.
En esa búsqueda hace dos años, a partir de un evento familiar que aceleró esta transformación que ya venía sucediendo en mí, decidí formarme como coach ontológico integral, una disciplina que permite acompañar a las personas, a través de conversaciones, a que consigan los resultados que desean en algún área de su vida como el laborar, familiar, espiritual u otro que desee.
Si bien, este proceso de acompañamiento inicia teniendo como foco un área de la vida del coachee este aprendizaje incide en otros dominios, ya que este aprendizaje se da en forma integral en el ser humano, comenzando por observar aquello que lo puede limitar y aprendiendo algo que pueda darle mayor autonomía, empoderamiento, libertad y otras habilidades que le permitan hacerse cargo de construir la vida que desea.
Ahora, hablo de aprendizaje integral, por que buscamos que lo que pueda aprender el coachee, en formas de ser, lo pueda hacer a nivel de 3 dominios: racional o la mente, la emoción y el cuerpo. En el dominio racional o la mente se encuentran nuestras creencias, juicios o prejuicios, aquellas frases o ideas que la vivimos como verdaderas ya que fueron heredadas de generación en generación, que no las cuestionamos y que muchas veces pueden limitar nuestro campo de acción o cerrarnos algunas posibilidades. A nivel emocional, con el coaching aprendemos a reconocer nuestras emociones, nos permitimos quedarnos para aprender de ellas y así gestionarlas.
A nivel corporal, nuestro cuerpo como contenedor de experiencias y emociones, también necesita aprender nuevos movimientos y formas de cuidarlo para que puedan llevarnos a construir esa vida que todos merecemos.