Doroteo Arango es un competente médico mexicano, siempre ha creído que solo debe recetar las medicinas que están en su protocolo, por eso que cuando se puso de moda el Dióxido de Cloro como alternativa contra la pandemia, no le dio importancia e incluso era de uno de sus más grandes detractores.
En sus entrevistas siempre decía que el Dióxido de Cloro no tiene registro sanitario, que no hay pruebas científicas que demuestren que cura al ser humano y que podría causar efectos secundarios e incluso la muerte.
Cierto día compró Dióxido de Cloro para ver la etiqueta y poder atacarlo con mayor propiedad en los medios que lo invitaban, pero lo que no sabía este profesional que el virus ya había llegado a casa, pronto su esposa sintió los síntomas y dio positivo igual que él, su único hijo Fernando también adquirió el virus aunque resultó asintomático.
Fernando comenzó a investigar en internet las bondades del Dióxido de Cloro y llegó a la conclusión que le haría bien, así no concuerde con la opinión de su padre y a escondidas comenzó a tomarlo; lamentablemente la esposa del médico fue internada por insuficiencia respiratoria y expiró en el Hospital de Durango.
A los pocos días el medicó se sintió mal, estaba aislado en su dormitorio y su hijo le alcanzaba sus alimentos a la puerta, el chico sumamente preocupado por la salud de su padre que tomaba solo Paracetamol, decidió darle Dióxido de Cloro en el agua sin que lo sepa, increíblemente mejoró y a los pocos días estuvo muy bien de salud. Hoy Doroteo Arango cuenta su experiencia a sus colegas y lo recomienda a sus pacientes.