Por Angela Villón Bustamante
Que pasa con este gobierno completamente ¡machista patriarcal y discriminador! ¿Acaso es posible que en pleno 2,020 aún no puedan reconocer el trabajo sexual?, miles de miles de personas, en su mayoría mujeres que somos y estamos haciendo trabajo sexual; sin embargo para el gobierno estamos muertas, evaporadas, en el limbo, simplemente ¡no existimos¡ es por eso que no nos han mencionado para reactivarnos económicamente en ninguna fase. Solo nos mencionan en el Ministerio de Salud para ser “controladas” en la Atención Médica Periódica, pues estamos consideradas focos infecciosos que podemos diseminar infecciones de transmisión sexual, ¿la excusa perfecta para sustentar la violencia en contra de nosotras?, ¿para cometer violaciones de derechos humanos a tal punto de normalizarla?. ¡Eso es una GRAN FARSA!, el motivo perverso y perturbador de la violencia contra nosotras es el “machismo patriarcal”, ese machismo causante de nuestro dolor, indignación y frustración, por todo el daño causado a nuestra comunidad y al de muchas mujeres. El machismo patriarcal que existe desde siempre en nuestra sociedad, ha instaurado la más cruel de las violencias en las mujeres que ejercemos el trabajo sexual, porque somos las osadas de salir de la subordinación machista que implica ser el prototipo ejemplar subyugado a atender sus necesidades y no a las nuestras, se valieron de nuestros cuerpos con ejercicio de poder, imponiéndonos absolutamente ¡todo!, como debemos ser, vestir, caminar, dirigirnos, hasta como pensar, pero nosotras como muchas mujeres, hemos roto con esa subyugación para vivir en libertad, en una sociedad donde a las mujeres nos amputaron ese derecho, peor aún, hemos traicionado la fidelidad del cuerpo, porque adquirimos la capacidad de gobernarlo, decidimos sobre él y no permitimos que el patriarcado machista nos arrebate ese derecho, entonces viene el castigo, el amedrentamiento, ensañamiento y desprecio que deriva en todo acto violentista en un contexto de absoluta indolencia.
La pandemia ha demostrado una vez más que no ¡existimos! Nunca nos mencionaron en la reactivación económica, eso encaja en el castigo que históricamente padecemos por putas.
Somos mujeres que nos revelamos, nuestros cuerpos considerados territorio santo, son profanados constantemente por cada cliente y para colmo de nuestra viveza, cobramos por eso, hicimos de nuestra rebelión nuestro estilo de vida, lo asumimos como un trabajo generando independencia económica y debemos ser despreciadas por tan grandiosa osadía.