Punto de Encuentro

Política y gestión pública: desafíos para la transformación institucional

Luis Angel Elescano Paz

Desafortunadamente el desborde de la criminalidad en el Perú no es el único de los males que nos inquieta. La política y la modernización de la gestión pública son parte de los elementos de la «cosa pública» que no pueden disociarse del interés nacional. La ausencia de un compromiso entre autoridades, funcionarios, trabajadores y ciudadanos, limita la articulación de una política sólida que nos conduzca hacia una verdadera transformación de la gestión pública.

En ese sentido, la inobservancia de los entes rectores frente a los lineamientos emitidos por sus carteras, ha propiciado que el Estado peruano se convierta en el principal infractor de su marco normativo. Esta falta de liderazgo y coherencia en la aplicación de su literatura normativa, ha ocasionado un divorcio entre los principios de la función pública y la modernización de la gestión pública.

Desde esa óptica, la pluralidad de criterios en la formulación de políticas públicas, como en la remoción de autoridades y funcionarios por intereses políticos, ha debilitado el propósito medular de la transformación institucional del Estado.

Ahora bien, resulta evidente que en el Perú las presiones políticas imponen leyes y acuerdos «de poca monta». Pactos irrazonables que son promovidos por una legión de falsos «moralistas» que sudan agua bendita cada vez que les conviene y que no dudan en llevar al país a escenarios de confrontación cuando las autoridades no ceden ante sus amenazas. Estamos, pues, frente a un Estado que ha sido severamente debilitado, que ha perdido la autoridad y la preeminencia de un «poder superior» capaz de garantizar el orden público y evitar que la sociedad retroceda hacia lo que Tomás Hobbes (1588-1679) calificó como el «estado de naturaleza».

Este es un contexto político muy difícil; son años de ingobernabilidad, de politiquería y de una administración pública debilitada por las malas decisiones de sus autoridades y por las malas prácticas de sus servidores (con las excepciones del caso, por supuesto), quienes han priorizado sus intereses personales por encima de los objetivos institucionales. Hoy, más que nunca, parece consumarse aquel proverbio anónimo que concibe al «Estado como un botín».

Pese a ello, creemos que no todo está perdido. En estas «horas de lucha», resulta necesario fortalecer nuestro compromiso nacional y retomar el camino de la modernización de la gestión pública a través de la máxima planteada por el historiador tacneño Jorge Basadre (1903-1980), quien sostuvo que «el Perú era un problema, pero también una posibilidad».

Bajo esa lectura histórica, debemos recordar que la formulación de las políticas públicas también se convierte en una «posibilidad» para transformar el Estado, cuando orientamos sus resultados hacia la atención de las demandas de la sociedad, la reducción de las desigualdades y la protección de los derechos de la población. Estos componentes resultan clave en un contexto en el que la ciudadanía ha perdido la confianza en la institucionalidad del Perú. 

En consecuencia, el reto de las autoridades resulta particularmente ambicioso en esta materia, pues la transformación de la gestión pública no solo depende de los instrumentos de gestión; también depende de la convicción y responsabilidad de los actores que intervienen en la aplicación de los componentes clave. No se trata de continuar acumulando lineamientos o directivas, sino de garantizar la observancia de los códigos por parte de los servidores. De nada sirve contar con directrices maravillosas, si quienes están llamados a cumplirlas se convierten en sus primeros infractores.

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