Escenario electoral. Cambiemos nuestra situación en el Bicentenario

Por Roberto Rendón Vásquez.

El escenario es lugar donde se desarrolla una acción o suceso. Es la parte del teatro u otro lugar destinado a la representación de un espectáculo público. Algunos humoristas disfrutan exhibiendo en escena a alguna persona. Es costumbre que la gente gusta de espectáculos para divertirse. Desde hace décadas, en los quinquenios se dan en el país escenas electorales en las que cada vez más personas quieren ser actores. Es todo un corso electoral.

Hemos llegado al bicentenario de nuestra República y estamos frente a escenas electorales para el 2021. Este año hay 23 actores que aspiran a ser presidentes. El público, como en procesos anteriores, espera escenarios donde les prometan todo y de todo. Habrá quienes aplaudan y hasta los que sean creyentes.

Los corsos electorales son antiguos. Cada vez hay muchos actores. En 1953 sólo hubo 3, en 1962 fueron 7; el 63 sólo 4; ya en 1980 subieron a 15 y en 1985 y en 1990 fueron 9. En 1995 subieron a 14 y el 2001 bajaron a 9. Pero el 2006 se elevó a 20 y bajaron a 11 el 2011 y en el 2016. Cada vez la gente se moviliza unos por “convicción”, la mayoría para divertirse. Antes era común que cada “interesado” transportaba su público y hasta le hacían obsequios. Por ello mucha gente se animaba ir a los escenarios publicitados.

Cada postulante quiere estar arraigado a una organización o “postulado” por la que considera o “cree” la “más popular”. Llenan las calles de carteles con sus rostros y los símbolos “que representan” y el número que les asignan para persuadir a quienes creen que serán sus electores. Invierten cantidades significativas de dinero y esfuerzos de sus “seguidores”. Al final quedarán sólo 2 de los que “se escogerá” el mal menor.

El electo se sentirá realizado y determinará quienes “deben colaborar” en su gobierno. Dada la experiencia de años, no obstante la diversión, en el transcurso del tiempo el elector podría quedar traumado con la decepción. Así ha ocurrido desde fines del siglo XX. ¿Podría hallarse en nuestra sociedad gente que aún les crea?

La experiencia peruana es decepcionante. Aparecen “organizaciones” por aquí y por allá, sin idóneos basamentos ideológicos, políticos, económicos ni siquiera razonables y honestos.

Hay que cambiar esa situación. Que la nueva generación se preparé solventemente para cambiar nuestra realidad. Ofrezcamos el bienestar completo a toda nuestra sociedad más allá del Bicentenario.

 

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