Pepe el vivo
Una joven pareja llega a una agencia bancaria. La cola es estresantemente larga.
Es fin de mes y falta media hora para que cierre. El hombre va directamente a la fila de atención preferencial bajo la mirada atónita del resto de clientes que ya no aguantan más la espera (ni el calor de estos días). La mujer desaparece de la escena. Tiene en brazos a un niño de aproximadamente 3 años. Minutos después, justo cuando él iba a ser atendido, ella se acerca con el pequeño como para callar los zuzurros incómodos. El tramite no le toma más de tres minutos. Cuando se retiran del Banco, en la cola "regular" una señora mayor -que bien pudo usar ese beneficio- dice: "¿por qué no vino solo e hizo cola como yo?. La cultura del vivo, pues".
La frase se me hacía conocida. De inmediato recordé que existía un tal "Pepe el vivo". Investigando encontré sus orígenes. En 1973 fue el protagonista de la primera campaña que se hizo en el país para generar conciencia tributaria. La realizó la Dirección General de Contribuciones, hoy llamada Sunat. En ese momento solo tenía el estereotipo del evasor. Pero esa condición ha cambiado. Ahora es utilizado para graficar a ese ciudadano que controla o manipula a los demás para lograr su objetivo. Aquel que no respeta las leyes ni las pautas mínimas de comportamiento para una convivencia en sociedad. Para él no existe el Civismo. Me pregunto si aún existe el curso de "Educación Cívica" en la currícula escolar.
Días después le conté a mi madre lo que sucedió en el Banco. Ella sin inmutarse me dijo: "¿de qué te sorprende?. Hace unos meses tuve que cederle el asiento a una anciana en un bus porque los jóvenes presentes se hicieron los dormidos para no hacerlo. Yo estoy para que me cedan el asiento, hijo". El tema me sigue dando vueltas en la cabeza. Si uno analiza las actitudes del día a día seguramente encontrará muchos ejemplos. Navegando por Twitter, veo el post de un usuario que denuncia con fotografía que una persona había estacionado su camioneta en un lugar para discapacitados sin serlo o necesitarlo. Otra tuitera responde que constantemente ve a mujeres haciéndose pasar por embarazadas para utilizar la fila preferencial en el Metro de Lima.
Antiguamente estas actitudes eran llamadas "viveza criolla". En esa época seguramente eran hechos aislados. Hoy parece más un estilo de vida. Aunque usted no lo crea, el vivo o el criollo es normalmente aplaudido. Sin embargo, si queremos que eso cambie la reacción tiene que ser de rechazo y condena. Decirle al otro lo que está mal buscando en él una reflexión. Sería interesante que nuestras autoridades hagan un análisis sociológico del asunto. Un estudio más profundo y profesional que corrija el rumbo. Una pista, ¿habrá tenido algo que ver la dictadura de Velasco?, ¿el terrorismo?, ¿la crisis económica de los 80s? ¿las injusticias y el descrédito institucional de los 90s?.
Muchos ciudadanos crecimos en un país en crisis, en el que faltaban recursos y habían menos oportunidades. ¿Será la "cultura del vivo" la consecuencia de un contexto adverso"?, ¿de salir adelante a costa del otro?. La respuesta podrá ser afirmativa pero de ninguna manera convertirse en justificación. Siempre está la educación de casa que debería trascender de generación en generación. Y si el Perú ha mejorado, ¿qué ha pasado con nosotros?. La respuesta la tiene cada uno.