Los anuncios y preparativos de los movimientos sociales, motivados por una serie de demandas y reclamos, era conocido con antelación; lo cual debió permitir que las fuerzas del orden planifiquen con detalles las medidas y acciones a implementar y ejecutar, para que el control policial cumpla con su objetivo, que no es otro que neutralizar la acción de los movilizados, y proteger la vida y propiedad, tanto pública como privada.
La planificación policial cuenta con los productos de la inteligencia operativa, que normalmente se fundamenta en los antecedentes de hechos similares presentados en los últimos tiempos, lo cual permite identificar las zonas en las que se concentran los manifestantes, sus formas de acción, el acopio de materiales para interrumpir la circulación vehicular, y las formas en las que se van agrupando.
Ello facilita el accionar policial, que despliega sus efectivos con la antelación debida, organización de sus fuerzas, equipamiento, y recursos de apoyo que se requieren en estos hechos, lo cual determina que de antemano se logre ventajas que será más complicado para los protestantes tomen la iniciativa y el control de la zona.
Para el caso de Lima, no olvidemos que estamos en estado de emergencia, lo cual permite a la policía solicitar el apoyo de las Fuerzas Armadas para el efectivo control del orden público y social, situación que debió estar prevista, de manera que, se hicieran cargo de la protección de zonas vulnerables, permitiendo a la policía concentrar sus efectivos y recursos en las acciones centrales que ocurren con normalidad en este tipo de eventos.
Pero, además, la acción preventiva que debió desarrollar la policía, contempla las coordinaciones y el compromiso de otras instituciones y autoridades para que participen en tareas de control complementarias, como por ejemplo el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, los municipios provinciales y distritales, los gobiernos regionales, la comunidad organizada, las entidades sin fines de lucro, etc., para que asuman tareas de apoyo a la acción de la policía, ya sea levantando y registrando la actuación de los manifestantes, especialmente aquellos hechos que constituyen delitos, de manera que, posteriormente sea más fácil formular las denuncias; así como, contar con un contingente de maquinarias que faciliten la limpieza de las vías de comunicación interrumpidas, como también el apoyo del serenazgo, etc.
Lo cierto y por lo observado, permiten afirmar que la policía ha actuado sin ningún plan preconcebido, lo cual facilitó que sean rebasadas por los manifestantes, sin capacidad de respuesta, reaccionando sin control a los ataques de los revoltosos, y sin completar la acción iniciada, dejando a sectores de la población sin medidas de protección, o como en el caso donde se logró reanudar el tránsito, dejar sin personal suficiente, permitiendo que los manifestantes emprendan a pedradas rompiendo las lunas de los vehículos.
Y en el colmo de la ineficacia, observar como un grupo de 10 manifestantes, tomaron posición en la zona alta, y mantuvieron bajo incesante ataque a unos 30 policías, que atinaban solo a protegerse. En el manual más elemental de estrategias para el control de multitudes, se precisa que quien gana la altura, tiene todas las de vencer.
La policía se ha olvidado que la tecnología permite la difusión en tiempo real de imágenes que son replicadas de inmediato en distintos lugares de la república, no habiendo previsto una central de donde se podría alertar a la policía, también a nivel nacional, de los hechos suscitados, para que en cada localidad se ponga en ejecución planes de contingencia, lo cual hubiere permitido el control de saqueos y ataques a entidades públicas y privadas.
En fin, una serie de deficiencias que es obligación de los mandos policiales corregir de inmediato, porque no puede ser producto del desconocimiento o que se haya perdido la capacidad de planificación de la que siempre hizo gala la policía. No podemos permitir que los efectivos policiales se vean expuestos a agresiones o a malas intervenciones, por desidia o mal manejo de las acciones policiales, que en la teoría y en la práctica, tienen procedimientos establecidos y que la policía siempre los aplicó con firmeza.
La situación es bastante complicada, por la serie de eventos ocurridos en los diversos lugares del país, a los que, si no se aplica de inmediato un control profesional de la policía, se corre el riesgo que se vaya de las manos, y se generen las condiciones básicas para un levantamiento popular, que ninguna institución del Estado estaría en condiciones de controlar.
Estamos a tiempo; relevemos a los responsables del manejo de las respuestas del Estado frente a esta situación, que va a ir creciendo cuando la población verifique que no hay una respuesta organizada y con capacidad de aplicar la ley, y cuando rebasar a la policía deje de ser una posibilidad y entremos en el caos total. Estamos a tiempo.