Punto de Encuentro

Asamblea Constituyente

La asamblea constituyente es la última batalla, la madre de todas las batallas, de este gobierno incapaz que hace agua por todos lados. Es la solución final, la última opción del cerronismo y sus compañeros de ruta (Mendoza, "los niños" de Acción Popular y, los inefables, Acuña y Luna que golpean al chotano de cuando en cuando pero que al final del día, comparten con él, el mismo botín estatal). Como dijo (o dicen que dijo) Luis XV: “Después de nosotros el diluvio”.

¿Se imaginan a los dirigentes de Perú Libre redactando una nueva constitución? Tendría peor efecto que 100 cabezas nucleares cayendo en las principales ciudades del Perú: La destrucción institucional total.

No tenemos seguridad de si esta situación de crisis e ingobernabilidad ha sido deliberada o accidental, no sabemos si Castillo sabía lo que hacía cuando asumió la presidencia de la república, no sabemos si el objetivo político era hacer un pésimo gobierno y decirle a la ciudadanía: “todo esto es por la Constitución”.
Pero sí sabemos, que esta maltratada Constitución, permitió que el país lograra un crecimiento económico sin precedentes.
Un mérito, no menor, ya que logró generar confianza del mundo empresarial hacia el Perú como un interesante lugar para invertir. Las inversiones fluyeron y la configuración del país cambio. No obstante, la obsesión por las “cifras macroeconómicas” dejó de lado la agenda social, prácticamente en una "década perdida", volviéndonos un país de unos pocos ricos y de millones de peruanos que, con dificultad, buscan una oportunidad para labrarse un destino, con libertad y justicia.

Nosotros no nos corremos del reto y afrontamos con serenidad un necesario balance. Antes de pensar en una nueva constitución, necesitamos crear una institucionalidad, mejorar los niveles de representatividad y lograr, con los mecanismos necesarios que no vulneren el principio de igualdad ante la ley, que los mejores lleguen a los cargos de conducción política. Por ello, es importante replantear el régimen político para juntar la necesidad de una mayor representatividad con la urgencia de incluir en la vida política a los más puedan aportar.

¿Se debe reformar la actual constitución? Nosotros creemos que sí. Es imprescindible una necesaria reforma parcial que consolide un texto que responda a la realidad del país, el Perú de los pequeños productores agrarios, los artesanos, los miles de jóvenes que son la fuerza emprendedora y que son la garantía de que el país tiene futuro. Son necesarias reformas puntuales que “aggiornen” un documento que tendrá 30 años de vigencia legal (para no entrar a la discusión sobre su déficit de legitimidad). Por ello, nuestro cuestionamiento en este álgido debate es: 

1.- ¿hay que hacer una modificación total? 
2.- ¿Es el momento?

Vamos a ensayar una respuesta tentativa, con el compromiso de ir ahondando en el asunto en nuestros próximos editoriales: Las normas no cambian a los hombres. Es el comportamiento de los hombres los que configuran las normas. Las normas encausan estos comportamientos para mejorarlos (aunque a veces esto no ocurre).

Por eso es que no puede haber demócratas por decreto. Ni menos porque así lo establezca la constitución. El país requiere recuperar a la política como una necesidad imperiosa que garantice el bien común social. Para ello, es urgente empezar la construcción de una institucionalidad democrática que se fundamente en una lealtad a las libertades civiles, políticas y económicas. Junto a la defensa de estos pilares de la vida en sociedad, necesitamos la consolidación de una agenda que priorice los grandes retos que el país debe afrontar en las próximas décadas. Por ello es que, en este momento, con los problemas reales de la ciudadanía y que el estado se niega a atender, es inviable una reforma total de la constitución. El debate debe orientarse al reformismo consensuado de lo que sí es necesario cambiar.

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