El Cristo

10 Septiembre, 2021

Roxana Angelats

I

Siempre te admiraste de mi rostro cabizbajo

y tu niñez no comprendía

¿por qué lo han condenado

a morir como un árbol?

no sabías si yo era acaso el mismo madero

lleno de clavos

y solías vestir de cintas verdes mis fatigadas manos

los agujeros de mis pies

jalando los nudos

las astillas

pero nunca pude

sostener tu mirada.

 

II

 

No quería levantar el rostro,

encendido de los besos de tantas magdalenas,

mi cuerpo trajinado de tanto amar

debía pues,

fundirse con un árbol muerto

sin ser arrancado de la tierra.

Yo llegue hasta aquí

arrastrando mis pecados por el salobre desierto

bebiéndome la sangre de todos mis milagros

hasta habitar este madero agujereado

enroscar mi cuerpo serpenteante

y apretar mi odio

hasta hacerlo crucificar.

 

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