Por: Abraham Fudrini.
Los peruanos somos conscientes que todas las fuerzas políticas y líderes, carecen de una nueva propuesta que dé respuesta y resuelva la re-estructuración del Estado peruano y que evite a corto plazo que nuevos elementos se conviertan en los aceleradores de la agonía de la vieja e inservible democracia representativa, que después de más de siete décadas, se mantiene sobre una nueva economía expandida después de la Segunda Guerra Mundial que inició, continuó su crecimiento, desarrollo y entró en crisis como nueva estructura económica nacida en ese Perú moderno de la segunda mitad del siglo XX.
Este es el problema estructural que hoy se debe resolver y que lo conocen bien los connotados científicos peruanos.
En general se sabe que esta democracia representativa, después de setenta años, no ha resuelto ni resuelve hoy la distribución del poder equilibrada y justa en la esfera jurídico-política, en la economía y en la participación política de los departamentos o regiones.
La democracia representativa nunca ha tenido capacidad para contener el avance y la captura del Estado por parte de las dictaduras civiles que se presentan con máscaras democráticas y que buscan reemplazar la Economía de Mercado (con la que más y mejor ha crecido Perú) por una Economía de Estado, que en Perú tiene historia por generar crisis económica, corrupción, endeudamiento del país, inflación y caos.
Es evidente que los países de América Latina, con democracias representativas, han caído frente al plan de la dictadura civil que buscan los inscritos en la ideología comunista, socialista o semejante, quienes llegan disfrazados de varias formas para implementar un obsoleto e inservible capitalismo de Estado.
La propuesta que he desarrollado y sobre la cual puedo decir algunos datos que la hacen posible, señala que internamente esta democracia representativa ya se agotó, que desde hace siete lustros venimos eligiendo presidentes, sobre los cuales la sombra de la corrupción los toca menos o más, convirtiéndose en personajes públicos sin legitimidad pues le llaman a cada uno: “el mal menor”.
Esta nueva idea busca que los presidentes y vice presidentes de Perú no sean elegidos por sufragio universal. También debe haber una cámara baja (CNC) y una cámara alta (CDD) que en función del mandato de la Constitución Política velen y aseguren la libertad económica.
Considero seriamente que la democracia representativa se ha agotado para Perú y otros países latinoamericanos: Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y otros.
Es inevitable hacer una propuesta diferente, nueva, que supere y reemplace a esta estructura de democracia representativa cuyos presidentes del poder ejecutivo, desde hace siete lustros están enjuiciados, presos, perseguidos por corrupción en y contra el Estado.
Cada uno de casi todos los presidentes ganaron las elecciones como “mal menor”, así empezó a devaluarse el cargo de presidente de Perú, hasta que después de 35 años proclives, la historia parió un feto político en un escenario social contaminado desde 2020 por la pandemia y por dos gobernantes inmorales.
Desde mi punto de vista, el presidente y los dos vicepresidentes (la presidencia), cuestan mucho y la opinión pública generalmente los ve como sospechosos de corrupción.
Un presidente es encarnado por una persona que concentra excesivo poder, decide sobre 18 ministerios que conforman un Gabinete con un jefe que también depende de él, además dirige las relaciones exteriores de Perú y otras instituciones.
Es imprescindible proponer un nuevo sistema político con presidente y vice presidentes no elegidos por votación universal.
El Poder Ejecutivo debe ser colegiado, así se ahorraría mucho dinero.
Mi propuesta es conformar un Estado compuesto por el Concejo Nacional de Congresista (cámara baja) y el Consejo Descentralizado de Departamentos (cámara alta), los que reunidos constituirían la Asamblea Nacional Descentralizada, órgano supremo del Estado Democrático Descentralizado de Perú.
La Asamblea Nacional Descentralizada (130 del CNC y 50 del CDD = 180 representantes), elige a los ministros (18 ministros). Estos eligen al presidente y los dos vicepresidentes que deben ejercer su cargo adicional durante un año, no hay reelección. El presidente rota entre los ministros, se considera de gran valor la antigüedad en esas funciones
Además se da poder real a los departamentos (hoy similares a las regiones) y simultáneamente las decisiones de los gobiernos departamentales estarán relacionadas directa y necesariamente, primero con su Consejo Departamental Descentralizado, y después con el Consejo Nacional de Congresistas, que tiene funciones de control y fiscalización.
Si no hay propuesta para reestructurar el Estado, vía una reforma constitucional, todo lo que prometan los candidatos a esos cargos solo sería mocos y babas.