Hace unos días me encontré en la calle a un ex PPKausa. Me comentó que Pedro Pablo quiere pactar con Favre con la finalidad de poder aumentar el caudal en los sectores C, D, y E. Entiéndase que éstos dos últimos son los más populosos; es decir, la única colectividad suficiente para proporcionar la victoria. Al parecer, según él, PPK ya no puede captar ese voto juvenil que le otorgó el espaldarazo en las últimas elecciones electorales, y tampoco puede convocar a la derecha que se ha visto distraída por las nuevas ofertas como consecuencia de las recientes alianzas.
¿Nos sorprende?
Claro que NO. Creo, aunque muchos opinen lo contrario, que el peruano de a pie ahora busca en el prospecto de presidente a un hombre maduro, coherente, y capaz. Y es que, por ejemplo, si volteamos la mirada hacia los posibles candidatos a la presidencia en el 2016, nos daremos cuenta que esta nueva fórmula para decidir nuestro voto es definitivamente más real que el saludo del Primer Ministro Cateriano al ex Presidente Alan García Pérez. Tal es el caso del polémico Urresti, a quien la población peruana ya etiquetó de payaso, puesto que su falta de seriedad fue inocultable ni siquiera con la declaración más insultante de su penosa y débil trayectoria.
PPK, por otro lado, deberá convencer a todos sus votantes de que es peruano, que no pertenece a la derecha elitista, y que una vez entregado el poder en sus manos gobernará para los más pobres. Un trabajo duro para sus millonarios asesores de imagen que ahora descansan después de haber reparado el funesto respaldo público que expresó en twitter en relación a la tan repudiada “Ley Pulpín”. Y es que hacerlo supuso el mostrarse como tal: un aristócrata natural.
Pienso que Kuczynski ya no tiene cabida este 2016. Outsider no podrá ser otra vez porque sólo se es una vez; tampoco podrá ser el sorpresivo caudillo circunstancial puesto que el conocimiento de la realidad peruana es proporcional a sus años de vida en este país; y mucho menos será el candidato del cambio pues el oficialismo ya lo corrompió desde sus entrañas.
En conclusión. PPK no necesita a un dios de la ilusión para camuflar su poca conexión con los peruanos, en cambio, necesita de un amigo sincero que le increpe esta verdad de callejón peruano: SIMPLEMENTE, YA NO PEGAS HERMANO.