El miedo genera mucho en el imaginario de la gente, y los marketeros publicistas o comunicadores de política no reparamos normalmente en ello: el miedo ha sido determinante en las últimas campañas en la elección del pueblo.
Primer caso: Villarán
En la revocatoria la candidata se valió de un miedo muy claro para comunicar verbal y no verbalmente que ella era seguridad. Y no seguridad ciudadana, sino algo más “reptiliano” o inherente al ser humano. Seguridad de saber qué va a pasar. Favre, como gran comunicador que es, incluso pudo usar estímulos no verbales para dar claramente este mensaje (recordemos la postura de brazos cruzados emulando una posición de “evitar intromisión”). Todo el mensaje de la campaña estuvo dirigido a desprestigiar la revocatoria como tal, y demostrar que no se puede cambiar a un gobernante porque NO sabemos qué va a suceder.
El no saber qué va a suceder, nos marcaba la pauta entre unos políticos tradicionales que no saben decirnos a ciencia cierta el futuro que nos depara luego de revocar a una alcaldesa.
Segundo caso: la campaña a la Alcaldía de Lima
Otro caso de mayor envergadura, es la campaña a la Alcaldía de Lima dirigida por Castañeda. El mudo simplemente apeló al miedo de que todo seguirá igual y Lima no avanzará.
Es decir, Castañeda sabía qué decir e incluso lo dijo poco: que no eran ciertas las acusaciones de sus detractores, o peor aún, que él era el único que le ganaba a Villarán. Este no tenía un plan de gobierno claro para el Municipio de Lima pero si tenía claro que sus logros eran mayores que los de su contendora. Algunos candidatos se desvivían para comunicarnos sus objetivos, o decir lo que sí harían de llegar al sillón municipal. Pero el miedo era tan grande que nadie tuvo ni la más remota idea de analizar si el peruano entendía esta comunicación o solo votaba con miedo a no repetir los errores.
A esta altura de la reflexión vale preguntarse: ¿Qué miedo va a impulsar al ganador de la campaña del 2016?