Por Juan Antonio Bazán
La obra de Antonio Gramsci es un arsenal conceptual, metodológico y estratégico, para comprender la guerra cultural contemporánea. Gramsci desplaza la mirada: El poder no se sostiene únicamente con la coerción militar o legal, sino que se sostiene con la hegemonía moral e intelectual. Gramscianamente, se trata de gobernar antes de ser gobierno, y lo logra aquel, cuya cosmovisión del mundo, o perspectiva política y cultural, se apropia del sentido común de la gente. En “Cuadernos de la cárcel”, Gramsci distingue entre “guerra de posición”, que es la disputa prolongada en la sociedad civil; y “guerra de maniobra”, que es el asalto frontal al Estado. Bien vista, actualmente, gran parte de la política real se parece a esa guerra de posición. Así tenemos, grandiosos combates por el significado y legitimidad de las palabras, como son “libertad”, “familia”, “derechos”, y “caviares”; así como, gloriosas batallas por el enfoque interpretativo de los hechos y las crisis políticas y culturales, y por la legitimidad de las instituciones clásicas de la modernidad.
Gramsci, y su arsenal, organizan la política, básicamente, a partir de tres aspectos de coyuntura: Uno: El sentido común no es neutral, sino que es el primer terreno de la lucha: Se trata de participar activamente en la construcción de las creencias, los relatos, y los hábitos que una sociedad convierte en naturales. Dos: Los intelectuales deben ser orgánicos y productores de legitimidad: Se amplía la noción de “intelectual”, pues deja de ser únicamente académico, y se convierte en el comunicador y dirigente; cada sector político requiere “intelectuales orgánicos”, que suman la tarea traductores, de intereses a valores, y de valores a narrativas persuasivas. Tres: Se crean coyunturas de crisis, interregno y polarización: En los interregnos proliferan enemigos tácticos y políticas del resentimiento; en las polarizaciones se producen síntomas de crisis de hegemonía. La idea es que, en estas crisis de coyuntura de hegemonía, la gente deja de creer en las instituciones tradicionales, y en relatos anteriores, pero, tampoco se produce un consenso nuevo estable. En palabras de Gransci: “Lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”.
El arsenal gramsciano se ha convertido en el nuevo manual de estrategia y táctica política. Por supuesto, como todo manual, es construido a partir de una lectura y práctica parciales. Gramsci, en sus “Cuadernos de la cárcel”, escribió acerca de la lucha y el ejercicio del poder, pero no propone un recetario del tipo “implementar X, para subyugar Y”. Lo que, en verdad, tenemos son conceptos, notas, y un análisis histórico, para construir teoría estratégica. El aporte central de Gramsci es descriptivo y analítico. Nos hace comprender la importancia política del lenguaje, la religión, el arte, las escuelas, los medios de comunicación. Convertir el arsenal gramsciano en un manual es reducirlo, es perder lo más valioso, que tal vez consista en su elucidación acerca de cómo se forma el consentimiento. Por el progresismo, la izquierda, y la derecha: Tenemos que la obra de Antonio Gramsci es un arsenal conceptual, metodológico y estratégico, para comprender la guerra cultural contemporánea.