Punto de Encuentro

Del APRA sus internas

Dice Hugo Neira que en el Perú la crítica de las costumbres se la dejamos a los satíricos y costumbristas que desde el siglo XIX caricaturizaban las viejas elecciones a voz en cuello, en que los indígenas, obligados por el gamonal, gritaban su nombre en el colegio electoral y de esa manera le daban su voto. Caricaturizaban también a los señores provinciales rivales que asaltaban el lugar de sufragio y se llevaban las urnas no sin antes destruir todo a su paso; o a aquellos, más sutiles, que con mil ardites, unos más ingeniosos que otros, intentaban, con suerte dispar, trucar el resultado de las elecciones.  

Por eso no me sorprendió que en las internas apristas del domingo hubiese un poco de todo eso porque estamos en un país cuya institucionalidad democrática, en el último cuarto de siglo, se ha deteriorado en lugar de fortalecerse. Y por eso también tenía bien claro que si el APRA se animaba a convocar elecciones a nivel nacional íbamos a ver algunos anforazos, tanto como uno que otro local asaltado por la turba de un candidato que todavía no entiende bien esto de que los votos se cuentan y el que saca más es el ganador.

Por supuesto, cuando Alan García llamó a las internas del PAP también lo sabía, pero las convocó  de todos modos, asumiendo personalmente esa responsabilidad junto al riesgo adicional de invitar a la ciudadanía no aprista a votar con solo presentar su DNI. Sin duda, este será un acontecimiento trascendental en la historia política peruana y más temprano que tarde lo valoraremos en su exacta dimensión.

Pero Alan fue más allá: como Presidente del APRA exigió que las listas se compongan mayoritariamente de menores de 35 años apostando así por la renovación. El domingo pasado, un 60% de postulantes jóvenes aseguraron el recambio. Hoy el APRA tiene dirigencia juvenil como en sus primeros tiempos y las nuevas generaciones están en el partidor, hay estrella para rato.     

En las elecciones del domingo votaron 280.000 peruanos, 170.000 no eran apristas. Eso sí me sorprendió,  tanto como ver al viejo Partido de Alfonso Ugarte despertar de su relativo letargo,  organizarse en sus bases a lo largo y ancho del Perú, y realizar con esfuerzo su fiesta democrática hasta en los distritos más alejados. Mientras que el Estado peruano sucumbe a la anti-política y los analistas claman por el fortalecimiento de los partidos; el APRA, remando contra la corriente, ha vencido el centrifuguismo  y la informalidad, y le ha enseñado al país que la democracia se construye desde abajo, desde las bases, desde el pueblo, desde la ciudadanía, votando.

En el país “del pisco y la butifarra”, de la espada y de la cruz, el APRA, como hace 90 años, ha señalado una vez más el camino de la democracia. Sólo quedan dos cosas, la más fácil, es que a la vuelta de la esquina veamos al resto de agrupaciones políticas imitarla reconstituyendo así la partidocracia nacional; la más difícil es que sus adversarios se lo reconozcan. Yo sí lo reconozco y desde esta esquina rindo homenaje al aprista, compañero y compañera, anónimo, de su base, de su casa, del local en la placita del pueblo, de su fervor y devoción de siempre, por devolverle al Perú su vieja esperanza republicana.    

NOTICIAS MAS LEIDAS