Punto de Encuentro

Sanbasan: las parteras japonesas en el Perú

Ya faltan pocos días para celebrar el día de la madre. Casi siempre pensamos en la mamá o la abuela y hasta en alguna tía favorita. Pero, ¿alguien recuerda a la persona que nos ayudó a nacer? Ahora ya esta pregunta sería algo tonta, porque creo que todos responderíamos: “yo nací en el hospital (o en la clínica) con tal doctor”.

Pero hace muchas décadas atrás, cuando la obstetricia aún no era muy conocida, en Lima era común la figura de la partera o comadrona. Eran mujeres que atendían el parto a domicilio.

Dentro de la colectividad japonesa, las parteras eran conocidas como “sanbasan” (que significaría “mujer mayor que atiende el nacimiento”).

La vida ya de por sí era difícil para los primeros inmigrantes japoneses en el Perú. En una sociedad completamente distinta a la suya (idioma, cultura, trabajo, etc.), muchas de estas japonesas dieron a luz a sus primeros hijos. Apenas sabían el idioma y la persona que más confianza les daba eran las sanbasan, que como ellas, también eran japonesas inmigrantes.

Ahora, ya pocos las recuerdan. Pero cuando lo hacen, es como si el resto de recuerdos de la infancia llegaran automáticamente: las encomenderías que dieron paso a las bodegas de barrio o el tranvía que unía Lima y Callao, son uno de los recuerdos infaltables que mi mamá siempre menciona cuando recuerda a su sanbasan, quien la ayudó a nacer.

La sanbasan que ayudó a mi abuela cuando mi mamá nació, vivía en el Callao. Aunque para aquellas épocas Callao parecía lejos hasta Lima, mi abuela la mandó a llamar cuando sintió sus primeras contracciones. No tomó su combi, pero quizás llegó en tranvía. Mi abuela la esperaba en casa, mientras que mi abuelo, nervioso, seguía trabajando en la tienda.  

Han pasado tantos años que mi mamá ya no recuerda su nombre. Pero sí recuerda la amistad que tenía mi abuela y su sanbasan, aunque ya pasaron los años.  “Cada vez que iba al Callao, tu abuela pasaba por el negocio de la sanbasan. Después que yo nací, abrió una encomendería, en el mismo Callao. Allí me compraba mis discos japoneses”, me cuenta mi mamá con nostalgia.

Realmente, hay varias sanbasan que merecen ser recordadas, aunque sus nombres se hayan perdido de nuestra memoria con el tiempo. Solemos recordar a los soldados o mártires de la guerra, pero deberíamos recordar también a aquellas héroes anónimas, que traían (y salvaban) vidas al mundo, como eran las sanbasan o las parteras. Para ellas, les deseo también, ¡un feliz día de la madre!

Comparto la foto de Naeko Toyama, una de las sanbasan más conocidas en Lima, que como dice en esta foto, trabajó en el Hospital Santa Rosa. (Foto tomada de: Libro Conmemorativo por el 5to Aniversario de la Asociación “Peru Okinawa Ongaku Kyoukai”. Lima. 1954).

 

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