La reciente Cumbre entre los presidentes Donald Trump de Estados Unidos, y Xi Jiping de China, realizada en Pekín, demostró que los líderes soberanistas de las dos más grandes economías del mundo, actúan siempre con mucho pragmatismo para priorizar y defender los intereses propios de sus respectivos países, y mantener sus posiciones hegemónicas en sus zonas geográficas de influencia y en las áreas donde tienen mayores ventajas competitivas.
Como consecuencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y el cierre del estrecho de Ormuz en Medio Oriente, el tema del petróleo (precio por barril, rutas, logística y oferta suficiente) fue el más importante, especialmente para China, que es un importador neto con 11 millones de barriles diarios de petróleo (bdp). Tengamos en cuenta que el 80% de la energía que China necesita para sus actividades industriales, provienen de combustibles fósiles. Ocurre todo lo contrario con Estados Unidos, que se ha convertido en la principal potencia energética (petróleo, gas natural y keroseno para aviones) del mundo, llegando a producir más de 14 millones de bdp y exportar alrededor de 9 millones de bdp.
Tanto Estados Unidos como China, llevan a cabo una geopolítica soberanista, pero muy pragmática y “desideologizada” de dicotomías contrarias que solían generar antagonismos: capitalismo / comunismo, occidente / oriente, empresario / proletariado, ciudad / campo, industria / agricultura y modelo exportador / modelo de sustitución de importaciones. Es verdad que cada súper potencia saca a relucir su músculo en los sectores económicos, productivos, tecnológicos, energéticos y militares donde son más competitivos, pero Estados Unidos y China, al contar con dos líderes soberanista y pragmáticos, están dejando de lado (por conveniencia mutua) la competencia de confrontación por la competencia de complementariedad. Como ejemplos tenemos que China le vende tierras raras a Estados Unidos, y Estados Unidos le vende petróleo (energía para el sector industrial chino), aviones de pasajeros Boeing y productos agrícolas. Esta complementariedad pragmática, incluye además un fuerte flujo de inversión de capitales, los cuales se realizan de manera cruzada entre empresarios privados chinos y estadounidense en ambos países.