Hace unos meses atrás escuché a un reconocido estudioso de las ciencias políticas, Dr. Jaime Mendiola, decir: Las marchas en este país no son lo que fueron en el ayer, hoy concluyen sin discurso, sin propuestas; y peor aún, no tienen sentido.
Y no se equivocó. Por la coyuntura política actual hoy miles de jóvenes toman las calles, llenan las plazas, recorren las avenidas históricas y lavan la bandera como si aquello fuese una actividad cotidiana. Ya saben qué hacer. Ya no hay excusa para quedarse en casa, ya no hay excusa para la indiferencia. Marchar se ha puesto de moda y el gobierno no tiene remedio ante esta tempestad social, y es que el derecho de protesta ha pasado del texto constitucional a la realidad.
Sin embargo, mi crítica no está dirigida al ejercicio de este derecho laboral; por el contrario, ejercerlo es la mejor expresión de que el sistema inclusivo y participativo está funcionando. Lo polémico de todo esto es conocer hasta qué punto aquello supone una solución a nuestros problemas. Es decir: ¿Es una marcha una propuesta?
En este momento me atrevo a responder con un “No” rotundo. Es lamentable lo que sucede en nuestro país. Veamos a duras penas el periodo post derogación de la Ley Pulpín. No hace falta mencionarles que sólo dos partidos políticos (entre ellos el APRA) ofrecieron una nueva estructura laboral, y sólo ellos hicieron uso de sus cuadros profesionales en favor del cambio responsable.
Entonces ¿Qué pasó con todos los colectivos civiles y los demás movimientos políticos líderes del reclamo ciudadano?
No pasó nada. Sus actos no trascienden y sólo aparecen en escena cuando las cámaras se encienden. Generan caos porque el caos les permite moverse entre los medios de comunicación; y peor aún, destruyen nuestra democracia que pide a gritos auxilio con cada golpe desestabilizador.
Señores. Ha llegado la hora de reflexionar si lo que queremos es una democracia sólida con partidos políticos coherentes y responsables; o simplemente, una democracia imaginaria que jamás llegue a madurar.
Huir de la política no es la solución. Y mucho menos lo es tergiversar su dinámica.