Punto de Encuentro

¿Cómo se gesta el carisma?

Juan Manuel Caicedo Atehortúa*

¿A qué nos referimos cuando decimos que un líder político tiene carisma? El líder carismático es aquel que se ha implicado profunda e íntimamente en las principales ficciones mediante las que el orden social organiza las vidas (Geertz, 1994: 171).

El líder se hace carismático porque se apropia de grandes ideas de la simbología popular y crea la ilusión de que estas grandes ideas están encarnadas en él. El caso de Álvaro Uribe en Colombia demuestra que el carisma y lo extraordinario no han desaparecido de la política y son elementos que pueden presentarse en un Estado basado en el derecho racional. La gestación del carisma de Uribe se dio por ciertas dimensiones de su carácter, su discurso, sus prácticas y su estilo de gobierno que se expondrán a continuación.

Uribe sostenía que su compromiso solemne era ser el “primer soldado de la patria”. Manejó un discurso polarizante y agresivo que caló hasta tal punto en la ciudadanía que el conflicto armado llegó a convertirse en base de la identidad nacional. Al menos para los que se adherían a Uribe, la propia afirmación partía de la negación del enemigo y la lucha contra él, la “amenaza terrorista” los cohesionaba y organizaba alrededor de su líder, quien se convirtió en la antropomorfización de la seguridad y el poder militar.

Con su lema “trabajar, trabajar y trabajar”, su estilo de vestir con poncho y sombrero y su forma de dirigirse a la ciudadanía recurriendo a refranes de la imaginería popular, Uribe se parecía más a cualquier campesino colombiano que a la elite bogotana que tradicionalmente había gobernado el país. Dejaba la impresión de ser un trabajador más y sentó un ideal de perfección: trabajar más y quejarse menos, olvidando la lucha de clases y con ello la identidad y los intereses de clase, las cuales eran las grandes ideas en las que se basaba el discurso y la estrategia de su oposición de izquierda. La disciplina de trabajo y la fraternidad entre empresarios y trabajadores también quedaban antropomorfizadas en su persona.  

Además de la disciplina de trabajo, otro elemento característico de la idiosincrasia antioqueña (la región donde Uribe nació y creció) es la ferviente religiosidad católica. Uribe decía que lo primero que hacía al levantarse era pedirle a Dios energía. Además se refería a las FARC como la “culebra”, creando un nexo entre su enemigo y el demonio del Génesis. Bajo esa lógica, el mejor para enfrentar a la “culebra” era un líder cuya energía venía de Dios. Al apropiarse de estos elementos de la simbología popular, la religiosidad y la lucha entre el bien y el mal quedaron antropomorfizadas en su figura.

Su estilo de gobierno se basó en gran medida en sus desplazamientos por el territorio nacional, organizando consejos comunitarios, a los que llegaba apertrechado con datos y estadísticas sobre la localidad que visitaba. A muchos funcionarios, periodistas y otros personajes los recordaba por su rostro y su nombre propio. Estos consejos comunitarios generaban la ilusión de que el líder podía saberlo todo, conocerlos a todos, estar en todas partes y resolver problemas de todo tipo. Seguramente los colombianos no han conocido un gobernante tan similar al Gran Hermano de la novela 1984. De esta forma Uribe encarnaba la autoridad para gobernar con cierta ilusión de omnipresencia y omnisciencia.

Para comprender la gestación del carisma de Uribe lo primero sería fijarse en el cuándo y en el cómo. Uribe adquirió su carisma en una situación de crisis, recurriendo a la excitación de una comunidad nacional por medio de la consagración al heroísmo y a unas cualidades extraordinarias de las que se le creía poseedor. Estos atributos fueron el poder militar y la seguridad, la disciplina de trabajo y la fraternidad, la religiosidad y la lucha contra el mal, y la autoridad para gobernar con omnipresencia y omnisciencia. Estas fueron las grandes ideas de las que Uribe se apropió, y por ellas se gestó el carisma que le dio dos elecciones presidenciales sin necesidad de segunda vuelta y los índices de aprobación más altos que se han registrado en Colombia.

El carisma y la antropomorfización de grandes ideas han operado y siguen operando en la política latinoamericana de tiempos recientes. Para sus seguidores, Fujimori tal vez sea también una antropomorfización del poder militar y la seguridad. En sus sabatinas, Correa también logra generar cierta ilusión de omnipresencia y omnisciencia, y hace creer que puede resolver problemas de todo tipo y en todas partes. El análisis del carisma y su gestación parece fundamental para comprender el liderazgo que nuestros presidentes ejercen.


 

*Esta columna es producto de un ensayo titulado: “Combatir, trabajar, rezar y gobernar: Álvaro Uribe y la antropomorfización de las grandes ideas”, trabajo académico realizado para la Flacso-Ecuador.

 

Referencias bibliográficas

Geertz, Clifford. 1994. Conocimiento local: ensayos sobre la interpretación de las culturas. Paidós. Barcelona. 

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