Había una vez un país ubicado al norte de América del Sur, que era considerado como una potencia económica y social en su región, no sólo por sus riquezas en recursos naturales sino también por su gente, a este país se le conocía con el nombre de Venezuela .
Hoy, esas riquezas el gobierno venezolano las ha convertido en sal y agua , la sal se la metió al bolsillo y el agua se la dejo al pueblo.
La crisis política, social y económica que atraviesa Venezuela, no tiene precedentes. Es catalogada por los analistas y expertos como la más severa de la historia contemporánea del país, y la verdad es que no hay que ser analista o pitonisa para saberlo, pues basta con salir a la calle en Venezuela para verla, escucharla , degustarla, olerla y sentirla.
Ver el estado en el que se encuentra el país, con una infraestructura precaria e inexistente, parecida casi a la de cualquier país devastado por la guerra o por un terremoto. Escuchar cientos de miles de quejas y relatos de colas, inflación, devaluación , escasez, odios , promesas incumplidas, inseguridad, balas. Degustar la poca comida que queda en los precarios anaqueles, la cual , para poder obtener pasa por pagar precios excesivos y largas colas . A la mayoría de los niños venezolanos se les olvido el sabor de la leche y la mayoría del pueblo ya no sabe que es comerse una Arepa , el pan nuestro de cada día de los venezolanos. Oler un país, que huele a miedo , a bombas lacrimógenas , a basura por falta de recojo de la misma , a llantas incendiadas de protestas. Sentir los golpes de un gobierno opresor, que golpea: estudiantes, mujeresy niños, sentir el impacto de una bala producto de la inseguridad generalizada o de la persecución política contra opositores; sentir el dolor de una enfermedad e inclusive la muerte por la escasez de medicamentos que no permite sanar a miles de venezolanos que padecen enfermedades o requieren de una operación médica.
Así tenemos, agua para el pueblo y sal depositada en cantidades inimaginables en cuentas bancarias en el exterior. La corrupción ha llegado a niveles máximos en aquel país bendito de riquezas, hoy saqueado y vejado por la Revolución Bonita del Siglo XXI.
Lo que si nunca debemos olvidar los venezolanos es el país que fuimos, el país que somos y el país que queremos ser.Hacia adelante Venezuela, si podemos ser el país que verdaderamente soñamos y queremos.
@PaulinaFacchin