Los sucesos políticos vinculados a la pareja presidencial y a la institucionalidad precaria en que vivimos, nos hacen recordar a la Commedia dell´Arte. Nacida en Italia en el siglo XVI, como un divertimento para el pueblo, el género –casi una aventura teatral- tenía la virtud de convertir temas serios en banales y posibilitaba a los actores la improvisación. Con buenos o malos resultados en lo que se refiere a efectos sobre el público, pero improvisar a cada instante. Cuando el actor o la actriz lo considerasen pertinente.
Polo blanco o polo rojo en el principio. Disfraces y multiplicidad de vestidos luego. No una aventura teatral, sino una aventura política. Pero todo nos hace recordar la Commedia dell´Arte. Él –nuestro Presidente- nos recuerda a Arlequín, personaje camaleónico, dado a las intrigas e indolente, servidor y esclavo. Ella –la otra Presidenta- nos recuerda a Colombina, otro personaje de la Commedia, permanente sombra corpórea de Arlequín.
En horas realmente difíciles para la democracia y la economía del país, el Perú vive en su gobierno una Commedia dell´Arte. Un Arlequín y una Colombina lo presiden. Toman la realidad y la frivolizan, la superficializan, la hacen ridícula. Y todo esto es visto, como en el Renacimiento, por el pueblo. Con sonrisas y simpatías iniciales tal vez, pero gradualmente con cóleras y resentimientos reprimidos..
Y nuestro Arlequín y Colombina tienen también su corte, otros personajes. Como en la misma Commedia dell´Arte. Pantaleón en la economía; il Dottore, médico o jurista; el Capitán, militar. Y, por supuesto, Brighella, el listo.
Pantaleón. Ocupa el vértice económico del poder. ¿Le suena conocido? El apellido de un ex Presidente peruano y el alma llanera. Ahora que se habla tanto de dinero proveniente de ya vamos sabiendo dónde.
Il Dottore. Siempre enojado. Proveniente de familia acomodada, no deja que nadie sepa más que él sobre temas que por su formación y estudios asegura conocer en profundidad. ¿Alguien dijo Presidente del Consejo de Ministros?
El Capitán. Se codea con los jefes y grita a los criados. Soldado fanfarrón, ridículo y patético. ¿Algo que ver con un ex Ministro del Interior?
Brighella. Consejero, vicioso, de voz fingidamente grave y seria.
¿Cuántos aspirantes a Brighella vemos diariamente en los medios?
El Perú viene siendo gobernado por un Arlequín y una Colombina (con más poder que en el género teatral) con su grupo de personajes cercanos. Y el pueblo los sufre, pero (¿por encima?) acaba riéndose de ellos. Con una risa que va larvando un peligroso resentimiento fruto del desengaño.
Improvisación constante -en lo esencial- de Arlequín y Colombina, pero también en la diaria improvisación de los miembros de la corte (insultos al rival, saltitos ridículos de afirmación, bravuconadas, amenazas). Hasta los personajes supuestamente técnicos se ven obligados a inventar parlamentos de un libreto finalmente improvisado.
Nunca se pretendió en el Renacimiento que los personajes de la Commedia dell´Arte gobernasen un país o una región, ni siquiera una ciudad.
Lo hemos logrado. Acá lo hacen. Y bien gracias, todos tan campantes. Y encima Arlequín, Colombina y su corte pretendiendo ser tomados en serio.
Como decía un orador de la calle: “Vámonos a Hollywood y ganamos el Oscar”. No hemos ´nacido para matar´-como se titulaba una ya antigua película- sino hemos “nacido para fregar”.
¿Será nuestro futuro perpetuar los libretos de la improvisación propiciados por una nueva Commedia dell´Arte?