Punto de Encuentro

Un día del trabajo bien trabajado

El pasado domingo 01 de mayo, en el Perú y en distintos países de la Latinoamérica, se celebró el Día del Trabajador. Cada uno a su manera, en casa descansando, en familia, en almuerzos, cenas, en el teatro, cine o en minis vacaciones, mientras otros celebraron su día en su centro laboral, trabajando para que puedas disfrutar de este día. 

Como es de costumbre, el domingo es un día familiar, por lo que se opta quedarse en casa para descansar si es posible todo el día en pijama. Ese día mi señora madre me pidió que la acompañara a comprar las cosas para el mes, por lo que acepté y la acompañé. Ya en el supermercado en el ínterin de la cola, me percaté que en ningún momento escuché un “Feliz día del Trabajador” para el joven que atendía en la caja o por lo menos responder el saludo de buenos días con un “Feliz Día”. Llegué a la caja y mi saludo fue respondido con una gran sonrisa y un gracias que me dejo pensando ¿Cómo han cambiado los tiempos y las personas? Te pregunto: ¿saludaste por el día del trabajador quien te atendió el domingo? Espero que si…

Si mal no recuerdo cuando era pequeña, los supermercados, cines u otros establecimientos cerraban o solo laboraban hasta el mediodía del 01 de mayo, obligándonos a quedarnos en casa descansado, lo cual pensé hacerlo ese domingo pero no fue así. Al regresar a casa después de hacer las compras, estuve ayudando a mi madre, guardando lo comprado, prepararando todo para el almuerzo y atendiendo a mi padre quien se encuentra delicado de salud. Y fue su frase a la hora del postre que me hizo pensar: “Feliz día a mí que trabajo sin recibir nada”.

Si bien es cierto, hoy en día los quehaceres del hogar son realizados por ambos sexos pero en su mayoría son mujeres quienes los realizan, desde amas de casa hasta profesionales que dedican su tiempo en un trabajo intenso y cotidiano sin remuneración. Conocido por muchos como un trabajo invisible que no es reconocido ni valorado por quienes se realiza a favor, al ser estos considerados como un deber y obligación determinado por su condición de madre o cónyuge. 

Existen iniciativas por colectivos femeninos, congresistas y la sociedad civil, que se reconozca y valore estas labores del hogar mediante una remuneración mínima vital, como es el caso de Suiza. Es decir, la persona que realice los quehaceres tiene el derecho de percibir una remuneración por parte de su pareja, que equivalga al trabajo que realice como el criar a los hijos, mantener la casa limpia, cocinar, lavar, planchar, etc. ¿Es posible esto? En un país con una “pequeña” recesión económica, con los precios de los bienes y servicios en alza y con un sueldo mínimo vital de 850 soles que rige a partir del 01 de mayo, ¿Es posible?

No solo es el análisis económico, sino jurídico. Estoy más que segura, que algunos juristas especialistas en Derecho de Familia rechazarían esta propuesta, argumentando que al existir una remuneración como contraprestación se estaría hablando de un contrato tácito entre los cónyuges, lo cual está prohibido por ley. En este caso en concreto, ¿se podría considerar como un contrato en si o una especie de retribución por el desgate físico, mental y el tiempo que requiere los quehaceres del hogar?

Nos queda dudas, incertidumbre o no está claro todavía la diferencia si se le podría llamar o consideras como una remuneración laboral o solo un mero agradecimiento. Pero está claro que no cuesta nada decir GRACIAS a tu madre, abuela, tía o quien sea que realice los quehaceres por ti.

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