Punto de Encuentro

Conductas sociales en los adolescentes que hoy en día indignan a la sociedad

12 Septiembre, 2016

Cristel Gamarra

En las últimas semanas ya pasada la marcha nacional #NiUnaMenos realizada el sábado 13 de agosto, las portadas de los diarios, los noticieros y las redes sociales no han dejado de lamentar y repudiar los hechos violentos contra distintas mujeres del país. Siendo uno de ellos el más brutal e indignante el suceso del viernes 26 de agosto en Ayacucho.

Hecho que no solo ha remecido al país entero sino también ha repercutido internacionalmente, condenando con una raya más al tigre de Sudamérica por ser el país con más denuncias de violaciones sexuales, que basándonos de lo que se vive día a día, estoy segura que la cifra ha aumentado y el miedo de muchas sigue en silencio.

Entre la inocencia, el vacilón y el dulce vaivén del alcohol y las drogas no es un problema social reciente en los adolescentes. Otra cosa es que los casos de violaciones sexuales que se producen en este entorno “no malicioso” no sean evidenciados no por falta de mecanismos del sistema, sino por miedo de la misma victima al qué dirán. Y eso ocurrió con esta adolescente de 15 años en Ayacucho, que no recurrió a su familia por temor a que sea reprendida.

Víctima de la “sincera amistad”, la llevó a albergar como el último recuerdo de su corta vida el ultrajo producido en horas de la noche del viernes  por sus amigos. Que a simple vista para ellos lo han considerado en sus declaraciones tanto uno de sus agresores y su amiga como un: “Se nos pasó la mano” o “Ha sido por el alcohol”, que para la sociedad son hechos imperdonables que merecen no solo una pena mayor de 15 años sino que paguen con la misma suerte de la adolescente: la muerte.

Aquí no trataré de justificar los actos, los cuales me causan impotencia y dolor tan solo imaginarme a la pobre niña siendo ultrajada por 6 sujetos entre mayores y menores de edad, sino entender que existen ciertas conductas que por la ausencia de los padres o familiares repercuten en la sociedad. Esto se debe entender, que estos jóvenes procedentes de familias disfuncionales, que no han tenido quien les enseñen y los eduque respecto al respeto entre géneros, educación sexual y sobre el uso de las drogas legales como ilegales,  sus consecuencias y sus riesgos, lo toman al juego, a la diversión.  Es decir, si uno comete un acto y no ha sido reprendido por ello o juzgado, creen en sí y para sí el concepto de que este acto está bien y puedo seguir realizándolo porque no hay nadie que me diga que lo que hago está mal. Y más teniendo el alcohol y las drogas como adrenalina para cometerlos jamás serán vistos como tú y yo los vemos, sino siempre pensaran y tendrán la idea que eso es solo por diversión, por pasarla bien y no para causar daño.

Es por ello, que deberíamos de pensar que no solo basta la implementación de nuevos mecanismos o el fortalecimiento del sistema judicial, sino políticas públicas de educación a nivel nacional que trasmita y enseñe los valores que hoy en día se han perdido en la sociedad, que mediante un trabajo constante el Estado tiene que entrar a llenar ese vacío de valores en el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes.

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