Al principio del mes de diciembre del 2016 se desarrollaron actos de vandalismo contra la propiedad pública y privada en la zona de Huaycán en el distrito de Ate, durante esos días cientos de pobladores protestaron violentamente contra la policía nacional y las autoridades por la desprotección que sentían frente a un aparente ataque de “secuestradores de niños” en el distrito de Ate, incluso los vecinos capturaron a dos encuestadores de la empresa CUANTO confundiéndolos con los supuestos secuestradores
La gran mayoría de medios de comunicación y artículos de opinión explicaron los hechos a partir de dos hipótesis: los psicosociales políticos o la histeria colectiva, en el primer caso existiría un supuesto interés del principal grupo opositor en el congreso de la república para crear caos y zozobra para debilitar al ministro del interior del actual gobierno, por otro lado aparece la vieja teoría de la histeria colectiva. Nosotros no vamos a discutir la validez de ambos puntos de vista, probablemente lo acontecido haya tenido elementos de ambas explicaciones, sin embargo advertimos que el tratamiento de la noticia mostró un cierto desprecio por la racionalidad de los pobladores y escaso rigor aplicado en el procesamiento y comprensión de sus demandas
En la década de los noventa TEMPO, el Taller de estudios de mentalidades populares de la PUCP, publicó un conjunto de ensayos acerca de las mentalidades de los pobladores de la Lima contemporánea, se trataba de entender la racionalidad de los nuevos limeños, hijos y nietos de migrantes resultado de los diversos procesos migratorios ocurridos durante el siglo veinte en el Perú. Han transcurrido alrededor de veinte años desde aquella publicación y pareciera ser que aún entendemos poco de la racionalidad de los nuevos limeños
Ensayando una explicación alternativa de lo ocurrido anotamos algunos hechos: cuando los pobladores de Huaycán, manipulados o no, deciden movilizarse para protestar por la inseguridad ciudadana que perciben en un grado superlativo al no estar protegidos frente a los supuestos secuestradores, los pobladores están reclamando por derechos humanos básicos como el derecho a la vida o por derechos ciudadanos como la tranquilidad mínima para vivir en su barrio, vale decir contar con un “barrio seguro”. Por cierto no estamos avalando la forma de la protesta generalizada sino más bien tratando de entenderla
Otro elemento a tomar en cuenta es la presencia de las tradiciones orales en la zona, una de ellas es la conocida leyenda del “pishtaco”, supuesto personaje blanco, criollo o misti dedicado a extraer grasa humana de sus víctimas, siendo víctimas de los “pishtacos” los pobladores de las comunidades andinas, la grasa tendría poderes curativos en las heridas graves. En esa misma línea aparecieron en los años ochenta, las leyendas urbanas de los “saca ojos” y que preferían entre sus víctimas a los niños.
Si la mayoría de los pobladores de Huaycán son resultado de los sucesivos procesos migratorios a la zona, entonces podemos pensar que están muy sensibilizados por la tradición oral escuchada de padres y abuelos que asocian lo extraño o lo ajeno con los supuestos secuestradores de niños. Si a esta percepción le añadimos el miedo generalizado, o exacerbado por las redes sociales contemporáneas y la muy rápida forma de comunicación urbana, entones vamos a tener como resultante un desborde popular que reclama seguridad ciudadana atropellando la propiedad pública y privada.
A este escenario debemos sumarle los bajos niveles de atención de demandas por parte de la policía nacional y de la autoridad municipal, teniendo como resultante un estado incapaz de resolver las demandas sociales y más bien dispuesto a darle la espalda a la población en vez de resolver sus problemas