"¡Claro profesor!, ¿por qué no?" -Contestamos al unísono.
El instructor se ubicó en el asiento del copiloto: “¡Ponte algo de música pe compare!”---Le sugirió entusiasta el bigotón a Adrián mientras éste conducía.
“La radio no funciona”---Contestó mi amigo, de manera sucinta y tranquila, educadamente tajante.
“¡No hay problema, para eso estoy yo on! ; ¿Qué quieren que les cante?”---Respondió alegre el rubio gorilón. Nos quedamos mudos.
“¡Cuando calienta el sol, aquí en la playa siento tu cuerpo vibrar cerca de mi…!”---Comenzó a cantar, casi gritando, y horriblemente desafinado.
“Ahora que me acuerdo, solo hay una emisora en la radio que funciona profesor”---Aclaró mi amigo puntual e inmediatamente.
A lo que el instructor enseñando toda su gran dentadura le contestó: “Ya pe, habrá que escucharla ¿no on?"
Inmediatamente vimos como todo su voluptuoso cuerpo, con bigote incluido, comenzaron a agitarse y a moverse al ritmo de la música de "La octava dimensión" y su canción: "Nunca cambies", dentro del pequeño Volkswagen: “¡Esto es alucinante cuñaos!, ¡Yupiii!¡Yujuuu!, ¡Holaaaa!”---Decía contoneante, mientras saludaba con sus dos manos a los carros de al lado, como si fuese un niño pequeño que se acababa de subir a un carro por primera vez en su vida.
“Profesor, creo que éste que viene es el paradero donde pasa su micro, ¿Lo dejo aquí?”---Sugirió Adrián.
“No hermanito, el paradero de mi micro es mas allá todavía, ¿Puede ser amiguito?"
"Ya" - Contestó mi amigo imperturbable y con la mirada fija hacia adelante.
"Conduce bien bacán tu pata, ¿no on?”
“Si profesor”---Le dije con los ojos bien abiertos.
Así pasamos como 5 o 6 distritos limeños y nuestro profesor seguía extasiado en su rítmico mundo de alegría. Recuerdo ver el puerto del Callao, luego de casi 2 horas de viaje. Divisando en el faro del lugar a una mujer muy guapa frente al océano pacifico, sentada en una roca aledaña. Llevaba una bufanda blanca primaveral, de tela muy ligera, la cual revoloteaba coquetamente, bailando desordenadamente al ritmo de la fuerza del viento marino.
Al verla el profesor expresó: “Aquí me dejan muchachos, tengo una cita con ella.. Bueno...¡Muchas gracias campeones!, ¡Nos vemos el lunes; Chau!”
Nunca más lo vimos. El dueño del gimnasio lo despidió por motivos que desconocemos. Le quisiera dar las gracias y decirle que la pasamos excelentemente bien con él en la clase y fuera de ella. Que nos disculpe de no haber seguido sus movimientos a la primera y es que recién estábamos aprendiendo a bailar.
Arq. MIGUEL ANGEL ROMERO MALDONADO