Hace algunos años, en una jornada latinoamericana de Derecho Electoral llevado a cabo en México, tuve la oportunidad de conocer a Jean-Pierre Kingsley, quien durante 17 años (entre 1990-2007), fue el jefe de la Oficina Electoral de Canadá, lo que vendría a sermás o menos el equivalente de nuestro Jurado Nacional de Elecciones.
Durante su presentación, Kingsley contó una anécdota que me gustaría compartir con ustedes sobre la base de la cofianza, los organismos electorales con un poco de ingenio, pueden sortear algunos problemas que pese la mejor planificación del mundo, a veces, se tornan imposibles de subsanar. Nos contó que se iba llevar a cabo una elección de carácter local en un pueblito remoto muy cerca del Polo Norte y que debido a las inclemencias del clima, resultaba imposible llevar el material electoral por vía aérea, pues se habían prohibido los vuelos, además, las carreteras están totalmente cubiertas de nieve, en pocas palabras, era imposible desplegar el material electoral y llevarlo hasta el lugar de la votación.
Dada esta circunstancia, el jefe de la policía local llamaba impaciente al organismo electoral solicitando que les envié el material electoral, obteniendo siempre por respuesta que ello imposible dadas las condicion esmeterológicas, las cuales se mantuvieron hasta el día de la elección. Esentonces que el organismo electoral ideó una fórmula bastante singular pero eficiente para remitir el material electoral. Lo hizo através de un correo electrónico al cual se anexó un archivo PDF que contenía una cédula de votación, pidiéndosele al jefe de la policía que imprima tantas cédulas de votación como electores había en el pueblo. El jefe de la policía hizo lo que le indicaron y la elección se llevó a cabo con toda normalidad.
A raíz de esa historia, un delegado centroamericano contóuna experiencia que había tenido precisamente en Canadá como miembro de una misión de observadores internacionales. Le había tocado ser observador en un pueblito en las afueras de una gran ciudad y como parte de sumisión de observación se encontraba en un centro de votación, momento en el que una persona acude a votar y quien oficiaba de jefe o presidente de mesa, le pide al ciudadano que exhibiera su documento de identidad, a lo que el elector le respondió que lo había dejado en su casa. No obstante ello, el jefe de mesa lo dejó votar sin ningún problema ante la mirada atónita del observador centroamericano, quien le indicó al presidente de mesa como había permitido eso, ya que si todos hicieran lo mismo, se podría producir un fraude electoral pues cualquier persona podría votar en número de veces que quisiera, a lo que el jefe de mesa electoral le contestó: “´¿Fraude?¿porque? Esopodráserensupaís, yo a ese ciudadano lo conozco, vive acá en el pueblo, por eso lo dejo votar.”
Luego de esa respuesta, el centroamericano se dio media vuelta y salió sin decir palabra.
Estas dos cortas historias ponen de manifiesto como un pueblo, en este caso el canadiense, demuestraplenamente con sus hechos, que confía tanto en sus autoridades como en su gente, situación que no siempre se repitesitras la damos los ejemplos y los colocamos dentro del contexto latinoamericano. Las recientes elecciones llevadas a cabo en Venezuela y Honduras, nos revelan la precariedad de la democracia latinoamericana y la desconfianza generalizada de la ciudadanía frente a sus autoridades electorales.
Ahora que atravesamos una situación política complicada, me parece que nos convendría imitar un poco el sistema canadiense.