Punto de Encuentro

¿POR QUÉ TENEMOS SIEMPRE UNA LLUVIA DE CANDIDATOS?

Decía Maurice Duverger que los sistemas presidencialistas tienden a alentar la formación de un sistema multipartidista, en contrapartida de los sistemas parlamentarios que tienen a generar condiciones para el desarrollo del bipartidismo. Aunque ello no esté escrito en piedra, sin duda está bastante cerca de la realidad.

Siguiendo la línea de Duverger, debemos tener presente que si a un sistema Presidencialista como el de la totalidad de países latinoamericanos, le agregamos como condimento que para la elección del Presidente se requiere que un candidato deba obtener en primera vuelta deba la mayoría absoluta de los votos es decir, el 50% + 1, caso contrario se pasa a una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, ya no hay vuelta hacia atrás en el camino que nos conduce a un multipartidismo. Y si a ello le agregamos que las Elecciones presidenciales se llevan a cabo de  manera simultánea con las parlamentarias, la consecuencia es irreversible.

Ahora que tenemos a una veintena de candidatos a la alcaldía de Lima debemos preguntarnos qué tan beneficioso es el multipartidismo o si por el contrario es un problema a corregir en aras de fortalecer nuestro sistema electoral.

Entendemos que no faltará quien opine a favor y diga a que siempre será mejor tener más opciones de donde escoger, pero el problema radica en que cantidad no es necesariamente calidad, mucho menos cuando hablamos de partidos políticos. “No es un problema tener muchos, partidos, el problema es tener a éstos partidos” nos decía Antonia Gonzales, profesora de la universidad de Murcia.

Pero ello es solo la punta del iceberg. El multipartidismo trae consigo una serie de consecuencias adicionales que no necesariamente fortalecen a nuestro sistema de partidos sino por el contrario lo debilitan, pues como nos dicen los economistas, a mayor abundancia de un bien, inversamente proporcional será su valor. Es la ley del mercado que se aplica perfectamente a nuestro comentario.

Este debilitamiento se pone de manifiesto de muchas formas que van desde la ausencia de ideología partidista hasta una severa crisis de representación (los ciudadanos no se sienten representados por ninguno de los partidos).

De otro lado, el multipartidismo fomenta el fraccionamiento o atomización de las fuerzas políticas al interior de un órgano de representación pluripersonal como es el Congreso, donde la cohabitación de muchas fuerzas políticas no abona en la adopción de consensos ni que exista acuerdo sobre la agenda política o la priorización de algunos temas.

Si tomamos como referencia la casi inexistente reforma electoral que nos ha regalado la clase parlamentaria en los últimos años, no nos queda otro remedio que ser pesimistas frente a una reforma que es mucho mayor y compleja como es la del sistema electoral, razón por la cual seguiremos contando en siguientes procesos electorales con mucha oferta aunque esta no sea necesariamente de calidad.