Punto de Encuentro

POLITICOS POR VOCACIÓN ¿ESPECIE EN EXTINCION?

Hace algunos años durante la campaña electoral del año 2000, en una entrevista le preguntaron al entonces candidato Percy Arévalo Carmona, ex esposo de la ex congresista Susana Díaz, cuáles eran las razones por los cuales se presentaba por el FREPAP como candidato al Congreso. Su espontánea y sincera respuesta fue “por si acaso”, lo que equivalía a decir “postulando de repente gano alguito”.

Más de uno podrá preguntarse qué podría aportar Arévalo a la política, sin embargo recordemos que su aventura no fue la única que podríamos categorizar, utilizando un término políticamente correcto, como “pintoresca”, pues al margen de los resultados electorales, en algún momento también fueron candidatos, entre otros, Jimmy Santi, el Cholo Cirilo, Adolfo Chuiman, casi todo el equipo olímpico de vóley que nos representó en Seúl 88, el Chorri Palacios y un larguísimo etcétera.

¿Súbito interés en la política? ¿Crisis que obliga a los partidos a reclutar a personajes conocidos como una pobre y desesperada estrategia de obtener votos?

Candidaturas como las expuestas se sustentan en la regla comúnmente aceptada a nivel internacional que limita la existencia de impedimentos en la postulación, de modo tal que no podrían existir prohibiciones más allá de los estrictamente legales, como bien podrían ser cuestiones relativas a la edad o lugar de nacimiento del candidato. La pregunta es si esta gran apertura democrática es en el fondo saludable o no para una democracia tan precaria como la nuestra.

Entiendo que la mayoría se decantará por una respuesta orientada hacia la libre participación política, argumentando que cualquier limitación resulta siendo antidemocrática y por tanto debe prohibirse. Pues yo opino lo contrario.

Es cierto que no todos los políticos son incompetentes o corruptos, pues existen quienes se dedican a la actividad política de manera honesta, sin embargo, la realidad nos revela que la moneda corriente es otra, pues la corrupción resulta siendo un valor que cotiza en alza. Entonces cabría preguntarse ¿Por qué y para qué querría la gente involucrarse en política?

Queda claro que pocos son los que se dedican a ella por real vocación y deseo de servir a la comunidad, pues priman por el contrario quienes intervienen movidos por el interés, ya sea ambición de poder, de ganar dinero o quizás de cautelar sus propios intereses económicos o de evadir la aplicación de alguna sanción, es decir, buscando impunidad. Creo que se cae de maduro revisar nuestro régimen de candidaturas.

Sea cual fuere la razón que motiva a cualquiera a postular, una vez en el poder se genera una constante en la conducta de modo tal que a los electos por lo general, las normas éticas sobre las cuales tanto hablaron durante la campaña, empiezan a incomodarles y para ello encuentran a su mejor aliado en la ley, cuyas múltiples y no siempre objetivas interpretaciones surgen como salvavidas para todas aquellas situaciones en la que se ven envueltos

Siendo esto así, la transparencia deja de ser una característica, y por el contrario las reuniones públicas empiezan a ser fijadas con sigilo. Comienzan a fijarse grandes sueldos y a proponer normas que permitan afianzarlos en el cargo o a sus simpatizantes una vez concluido su mandato.

Ahora bien, si todo esto se da bajo un manto permisivo que les permite: i) Llegar a una curul sin tener que pasar por democracia interna partidaria, ii) Sin tener la obligación de honrar las promesas de campaña y menos respetar planes de gobierno, iii) Sin tener que rendir cuentas una vez concluido su mandato y, iv) Verse beneficiados un control casi inexistente o en su defecto un sistema de administración de justicia propenso a eliminar sus problemas judiciales...¿No se animaría usted a ser candidato?

Para ello, tal como ya he dicho en muchos artículos a lo largo de los últimos meses, propongo que revisemos los requisitos de postulación, de modo tal que solo quien haya militado ininterrumpidamente en un partido durante determinado tiempo pueda hacerlo, pero que el ingreso a los partidos también sea regulado, por ejemplo, con una escuela de afiliados; propongo también que la democracia interna deje de ser una simple ilusión y se convierta en una realidad tangible. ¿No estaría acaso usted de acuerdo?

Dejo abierto el debate