Punto de Encuentro

¿Qué se vayan todos?

Por: Period. Wilberth Vilca Laura (*)

La grave crisis política que afronta nuestro país, es un desafío y una oportunidad para una reingeniería y renovación profunda de nuestra incipiente “clase política”, era evidente en los últimos cuatro periodos democráticos consecutivos de gobiernos elegidos por el pueblo, que si bien el piloto automático de la economía permitió un crecimiento sostenido con algunos vaivenes, la pata coja era una frágil institucionalidad política, una creciente inseguridad y la expansión de la corrupción en todos los niveles de gobierno. No tenemos un sistema de partidos, desde los años 80 estos fueron perdiendo representatividad, ante la crisis social y política desatada por el terrorismo genocida, pero tampoco pudieron asumir las demandas de los emprendedores emergentes y menos aún reaccionaron ante la necesidad de modernizarse ante los dramáticos cambios de la globalización, la interdependencia y las nuevas tecnologías de la información. Los ciudadanos empezaron a desarrollar su propio protagonismo social y de vigilancia ante el estado, la intermediación partidaria era menos valedera, y los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de las redes sociales y los telefónicos inteligentes permitían que la población expresara su propio cabildeo ante los poderes del Estado. En este contexto el torpe enfrentamiento de los poderes ejecutivo y legislativo, que derivo en la disolución del congreso, nos ubica en un escenario de democracia precaria, de incertidumbre e inestabilidad política, que cuando más se prolongue, mayores serán sus efectos perniciosos en la economía. Si bien es cierto que en términos estrictamente constitucionales, la decisión del aún Presidente Vizcarra es cuestionable, no podemos concebir una segunda “negativa fáctica de confianza” a su gabinete, y esta se tradujo en un decreto supremo que carecía del refrendo de su gabinete, con la solitaria firma del nuevo premier, e incluso dicho decreto tenia efectos al día siguiente de su publicación en el diario oficial. El entrampamiento político debe resolverse, quizás deba esperarse el pronunciamiento del Tribunal Constitucional ante una demanda competencial, como lo ha sugerido la OEA, pero en tanto la crisis sigue subyacente. No olvidemos sin embargo que el propio Vizcarra, planteo en su mensaje presidencial de julio pasado, el adelanto de elecciones con el recorte del mandato del ejecutivo y legislativo, es decir, que se vayan todos, hoy parece olvidarlo, ante la ilusión de un poder omnímodo y sin contrapeso, la gestión de su gobierno ha sido poco eficiente en materia de empleo, crecimiento y atención de sectores prioritarios como la inseguridad, la educación o salud, la economía que se pronosticaba en un crecimiento superior al 3.5% en este año, hoy se reducido modestamente al 2.5%, no tendríamos por qué esperar un giro espectacular de su gestión, la “reconstrucción con cambios en el norte” no  avanza, pese a que fue uno de sus primeros ofrecimientos al suceder al ex-Presidente PPK luego de su renuncia. La bancada fujimorista soberbia y sus adláteres, han cavado su propia sepultura, de espaldas a la población, y no son capaces de una mínima autocrítica. Mientras los sectores de la “izquierda” siempre variopinta, se ufanan de moralismo y se precian de su respaldo al gobierno por el cierre del congreso, olvidando que doña Susana Villaran, Goyo Santos,  Cerrón y otros como Acurio, Sayan y compañía son expresiones de la corrupción y la demagogia, el pueblo es sabio y no avalara los aventurerismos del radicalismo y el extremismo. Es por tanto una oportunidad para oxigenar los actores políticos, es necesario garantizar la pulcritud de las próximas elecciones del 26 de enero del 2020, ya convocadas por el ejecutivo y en proceso de implementación por los órganos electorales. Los dinosaurios de los partidos tradicionales, no permitirán la sucesión de nuevos líderes, que exige la población, se requieren nuevos mensajeros con nuevos discursos, es un periodo legislativo corto, pero que permitirá asomar a nuevos protagonistas políticos. Los gobiernos regionales y locales no pueden ser las comadronas del ejecutivo, es necesario un acuerdo de pacto fijo por la descentralización, pero no al punto de ser damas de compañía de un gobierno con visos de soberbia. De cara al bicentenario de nuestra república, apostemos por la renovación y reforma profunda de nuestra política y la modernización de sus organizaciones, nuestro país los exige, pues el Perú es más grande que sus problemas.

 (*) Email: ideasayni@gmail.com